Al final, acabaré por retorcerme de dolor en soledad, nadie habrá a quien importe mi suerte, o mi cansancio, o mi penúltima voluntad que siempre corresponderá a volver a verte; ya sin el peso de los años en los que esta mala suerte nos mantuvo tan alejados, tan inertes, solitarios e inclementes…
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Ciudad de Guatemala 8 de diciembre de 2,018

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