Mírame bien y di, cobarde,
que justo a la hora de acostarte,
tan sola y fría, no vas a recordarme.

Dicen que hasta la flor cuando perece
tiende a guardar vida en su cadáver
para acercarse a la maleza y así volver a florecer.

Mírame bien y di, cobarde,
que justo a la hora de equivocarte
no extrañarás lo mucho que te amé.

Dicen que hasta los dioses cuando perecen
tienen a guardar vida en sus eriales
para acercarse a nuestra tierra y así volver a renacer.

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Ciudad de Guatemala 12 de diciembre de 2,018

 

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