Te miro a los labios, todo parece normal; escucho tu voz y a los inviernos nucleares que brotan de tu respiración. Ellos me devuelven a un punto lejano, en el que no coincide el dolor, ahora estoy enfermo de dolor y de frío, estoy cansado de tu aliento atroz.
No quiero la vida ni compartirla contigo, no quiero este mundo ni a su alrededor; no quiero inviernos nucleares terribles brotando de la insatisfacción que deja tu mal amor, como las huellas de tus pies descalzos, en mi corazón.
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Ciudad de Guatemala 24 de enero de 2,019
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