La pesadilla no comenzaba
con la partida incoherente,
con el traslado de las llamas
al final incompetente;
pero sí con la ausencia,
de todas la más silente;
con el ritual sin clarividencia,
con el embiste perpetuo de la mala suerte;
y no volver a tu risa;
y no poder volver a verte…
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Ciudad de Guatemala 4 de febrero de 2,019

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