No fui capaz de ver a la tierra
llover sobre tu diminuto bosque personal;
no fui capaz de verte regresar
al principio de todas las cosas, del mal.
No fui capaz de cuidar tu silueta
porque en realidad no tenía tus huellas,
ni el sabor de tus alas abiertas
o el color de tus piernas despiertas.
No fui capaz de ver a la tierra
llover sobre tu diminuto bosque personal;
no fui capaz de verte regresar
al principio de todas las cosas, del mal.
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Ciudad de Guatemala 5 de febrero de 2,019

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