Nuestras miradas
se merecen la felicidad
que durante tantos años
el silencio nos quiso robar…

Si hay amor que perdure
y si hay cielo que no sangre de ingenuidad;
solos ya no estamos,
quizás quede alguna frontera que cruzar.

Nuestras palabras
se merecen la tranquilidad
que durante tantos años
el frío nos quiso robar.

Si hay amor que perdure
y si hay cielo que provoque nuestra libertad…

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Ciudad de Guatemala 13 de marzo de 2,019


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