Siempre te encontraba en las mañanas
con los labios perfectos y la sonrisa temeraria;
hacías interesantes mis días de universidad
con tu sensualidad, tendiendo a la rutina trampas.
Siempre te encontraba en las mañanas
con los labios perfectos y la sonrisa justa,
bañada en la luz suficiente, inmersa en tu elegancia.
Ahora vas por los puentes algo más triste
aunque exactamente igual de guapa;
y no se repite más la noche en que te desvistes
ante mis manos, hoy por hoy, llenas de escarcha.
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Ciudad de Guatemala 8 de abril de 2,019






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