Nunca tuve paciencia para esperar, a veces creí que debía correr antes de agitar mis alas para aprender a volar… Ahora contemplo, antes que nadie, los asuntos de una manera irregular y aunque me sigue aburriendo esperar; cada oportunidad aprendí a aprovechar.
Aprender a Volar
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«No vivo, ni escribo para agradar. Escribo como quien deja migajas en el bosque para que el hambre no se pierda».
—Messieral






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