En la profundidad
de los mares encinta
sollozaban las notas
de un violín con tempestad.

Y fue tal estruendo que la ciudad
de pena lloraba y gemía;
como ahora las horas
más bajas de la modernidad.

Porque allá donde alcanza a llegar
el paso impreciso de mi rima,
también lloviznan las lágrimas
de la infeliz caducidad…

Y fue tal estruendo que la ciudad
de pena lloraba y moría;
como ahora las horas
más bajas de la humanidad.

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