Dulces gaviotas de color ciruela
comienzan iluminando un horizonte
del que ni tú ni yo somos dueños;
del que ni tú ni yo somos parte.
Y sigue en su espectáculo una verbena secreta
de luciérnagas enamoradas
que no nos pertenecen y tampoco nos hablan;
que no nos pertenecen y tampoco se callan.
Una verbena secreta
de noctámbulas iluminadas
que a ciegas nos acercan;
que a tientas nos amalgaman…
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