Sollozar,
al pie de tu vestido
que ceñido a tus muslos
sabe bien como sanar;
gritar,
con la voz de mi principio
sumamente enardecido
cuando no me dejes de observar.

Soltar,
las sombras de tu instinto
que ahora pertenecen a otros mundos
en los que te quedarás;
amar,
con la fuerza de mis vicios,
cada uno de los rumbos
en los que ya sé que no te he de recuperar…

MESSIERAL



Anuncios

Deja un comentario

Últimas Entradas

Entradas más Vistas