Infortunio

Desquité mis demonios
con la inocencia de tu mirada,
algo no estaba bien, el horror;
simplifiqué la escueta disculpa
con un arsenal de cariño insuficiente,
no siempre pedir perdón
sana las heridas del espíritu o del cuerpo.

Desquité mis miedos
con la inocencia de tu calma,
algo no está nada bien, el terror;
amplifiqué la fuerza de mi culpa
con una ansiedad mortal y ambivalente,
no siempre decir adiós
sana las heridas del rictus o del ego…

Messieral Studio, abril 2,021

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