25/04/24:
Era un día de hospital como cualquier otro: consultas, esperas, apuros… Y de pronto estaba allí, afuera de la sala de quimioterapias viéndole cruzar la puerta. Durante dos horas y media, unos cuantos mensajes de amor y la intranquilidad fueron mi más visible compañía.
No sé está preparado para ese momento, aunque luego de semanas de exámenes se espere, con impaciencia, que ocurra. Aunque sea la única manera de intentar corregir lo que está mal…
El Monstruo me observa, sonríe, me acompaña, existe; en cada uno de los segundos posteriores y el resto del día hasta morir.
Te veo tan débil pero tan fuerte, no sé qué siento, no sé que sigue. Por hoy lo hemos superado, por hoy seguimos aquí esperando el milagro o la tragedia, con calma y sin grandes conmociones.
— Messieral “El Diario del Monstruo fragm. 50”







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