Apareces, como las cosas más bellas:
inesperada, vestida del mar más hermoso del mundo,
de su extensa y limpia playa.
Sonríes e inquietas hasta la fibra más severa
de mi cuerpo, de mis ganas.
No suelo contenerme en mis idilios de conquista,
pero la excepción a la regla
es la que siempre nos enseña.
Y contemplo tu belleza, tu serenidad preciosa;
te pareces tan poco a mí que apenas te reconozco.
No sé si te conozco de vidas anteriores,
o si esta es la primera vez que te veo,
la primera vez que enloquezco,
la primera vez que me enamoro;
de tu cara, de tu cuerpo.
Apareces como las cosas más bellas:
inesperada, vestida del mar más hermoso del mundo,
de su extensa y limpia playa…
—Messieral
MercyVille Crest, 10 de noviembre de 2,024






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