Los impulsos de mi mano son otros,
los de mi letra, los de mi lengua, los de mis ojos;
y tú danzas, frágil, sobre la fina textura
del manantial incoloro de tu premura.
Contemplo, ansío… noto,
en la transparencia de tu ser,
la profundidad de las aguas oscuras
que sólo yo parezco ver.
Vibras en cada gesto, inmejorable,
mientras mi mente te descubre en calma,
y mis manos tiemblan con el impulso
de atraparte, de hacerte real entre mis palmas.
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—Messieral
MercyVille Crest, 10 de noviembre de 2,024
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