No puedo escucharte,
tus labios se mueven mientras tus ojos lloran,
y no puedo entender una sola palabra.
No sé quién eres; la frustración a veces es tan grande,
que parece no tener un final,
da igual si te callas o si me reclamas,
si deseas culparme,
en lo profundo de mí,
sé que intenté darte lo mejor…
—Messieral
MercyVille Crest, 13 de noviembre de 2,024
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