Estamos a solas.
No dejes pasar el miedo o la prudencia
cuando te encuentres conmigo.
En el cristal,
nuestros deseos no llevan máscaras,
sólo el eco de lo que todos piensan
que nunca seremos.
Tu mirada en el reflejo es un eco que me arrastra,
un abismo que clama mi nombre y en el que estoy dispuesto a caer
por el placer que tanto merecemos.
Nadie imagina todo lo que ocurre dentro.
Si se aproximan, ven un reflejo de ellos mismos,
pero detrás del cristal,
siempre se enciende el deseo,
allí donde tú y yo nos perdemos,
allí donde tú y yo lo sabemos.
Una vez liberados de nuestros cuerpos
no hay fronteras ni encierros.
Las reglas se rompen al contacto de mis dedos.
Detrás del cristal,
allí donde tú y yo nos pertenecemos,
allí donde tú y yo siempre nos encontraremos.
—Messieral
MercyVille Crest, 26 de noviembre de 2,024
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