Los cuervos cantan lo que nuestras voces temen,
un lenguaje de alas sin testigos,
como el que invento con mis manos mientras te escribo,
como el que inventan tus labios
al implorar mi abrigo.
Cada pluma que cae en nuestra tierra
es un verso indescifrable que habla de nosotros,
un poema que arde por las noches
y calla en las mañanas,
para que no sean testigos otros ojos.
Tus palabras, susurradas por picos
que guardan nuestros juramentos,
se aproximan a mi pecho
con el viento oscuro del deseo
que ha contenido tu hermoso cuerpo.
El lenguaje de los cuervos
es un mensaje cifrado de nuestro amor,
de nuestra complicidad y nuestro secreto.
—Messieral
MercyVille Crest, 26 de noviembre de 2,024
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