Desnuda, te recorro.
Tus partes más hermosas
palpitan con rabia.
Te excita mi voz,
te enloquece mi orden;
eres tan mía
que te incendia
la locura fantástica
de la exclusividad prometida.
Hoy, la noche estrellada
y más tarde, una madrugada
que promete ser adecuada.
Acaricio, con el filo de mis dientes,
la suavidad de tu ferocidad excitada.
Tu cuerpo se sostiene
bajo un péndulo oscuro
de pecaminosa fatiga.
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—Messieral
MercyVille Crest, 9 de enero de 2,025
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