Enumerábamos las gotas de lluvia
y apostábamos todo el oro a la más guapa;
nombrábamos las tardes una a una
y cuidábamos las causas sin palabras.
Porque a los besos supimos configurar
la luz de las estrellas para amar;
y amarte se convirtió en mi hora de volar,
de viajar a otros planetas, de encontrar la paz.
Ojalá que dónde sea que te encuentres sepas bien
que adorarte siempre fue una cuestión más importante que la piel…
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Ciudad de Guatemala 29 de mayo de 2,017

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