Disfrutar de la mano vacía
y del beso sin pronunciar,
de la más insensible caricia
que alguna vez arrojamos al mar;
y saber que somos capaces de dar
a la paciencia la riqueza que nunca merecerá,
como si fuese oportuno dejar de mirar
la rosa perdida en la tarde de un bar.

Sólo tú y yo lo sabríamos afrontar,
sólo tú y yo lo sabríamos necesitar…

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Ciudad de Guatemala 7 de septiembre de 2,018

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