Dulce en el ámbar
descansa la pena
de aquella canción
que te enseñaba en las horas
de tu descontrol.

Dulce la aurora
descansa sin voz,
dulce y cabizbaja
no teje a la flor,
dulce y cabizbaja
olvida su honor.

Y sostienes la calabaza
que te puse por cabeza
entre tus manos de nopal;
pareciera que la estrella
que jamás te dejaría
te ha abandonado ya…

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Ciudad de Guatemala 20 de noviembre de 2,018

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