Un día volverás a casa
sin haberte ido,
sentirás las brasas
de la chimenea que aún no has encendido.
Un día volverás a casa
sin haber testigos,
te dolerán las palmas
y entre tus manos pesará el vacío;
no llorarás porque no tendrás lágrimas
pero la vida, te aseguro, te cabrá en un suspiro…
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Ciudad de Guatemala 20 de abril de 2,019

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