Cuidaré el espectáculo tanto como nos dure el acto,
no me verás perdiendo estilo por detalles tan minúsculos
que no se comparen con la posesión sombría
que sobre mi cuerpo abalanza el escenario.

Seré del vaivén inesperado, de la hermosa y sombría canción
que llegó de algún lugar que desconozco;
y de tu sexo cuando rodee la potencia de mi masculinidad,
sin someterme a juicios prematuros, sin saber de dónde viene toda esta ferocidad.

Si tu sonrisa es real, sabré que está bien continuar,
si sigues pronunciando mi nombre sin arrepentimientos,
si el bien que regenere tu alma destrozada
se une a la pasión artística y equilibrista
de mi forma de querer…

No te espantes, es otra forma de latir, otra forma de exigir,
de expandir la piel en su capacidad de sentir,
de amplificar sus maneras elocuentes de cubrir
a las almas tan inquietas que solo piensan en huir.

Si tu llovizna es real, sabré que está bien continuar,
si sigues pronunciando mi nombre sin arrepentimientos,
si el bien que regenere tu alma perturbada
se une a la pasión artística y equilibrista
de mi forma de querer… sabré que has aprendido bien.

—Messieral

MercyVille Crest, 6 de noviembre de 2,024


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