La hilaridad, la demencia,
dulce conjuro y mi cantar;
film de horror, néctar secreto
que emana desde otra constelación.
Tuvieron alguna vez la razón:
no estaba listo para amar y dejé en llamas
a las doncellas infinitas
que aprendieron la letra de mi canción.
La hilaridad, la complacencia,
dulce privilegio de fascinar;
film de horror, juego prohibido
que emana desde otra conversación.
Alguna vez lo dijeron bien:
no estaba listo para amar y dejé en cenizas
a las doncellas más bellas
que aprendieron el latido de mi canción.
—Messieral
MercyVille Crest, 14 de noviembre de 2,024
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