Al Cantar del Resto de los Inviernos

Recién llegado del fuego original me vio diciembre,
en un acto de ternura, magia intacta en los silencios,
devoción a la palabra y ocho gramos de dulzura
acordonando la escena del más bello de todos los inviernos.

Calló el muro y su arrogancia disparatada,
cayó el muro y con él cada vieja desesperanza.

Correrían todos los ríos en dirección al mismo sur,
pero hay lugares tan secretos que cambian de dirección
cuando un paso oxidado restablece su andar consolidado,
porque fui creciendo, soñando menos dormido que despierto,
abriendo el alma y los antojos a tantos amores buenos.

Es indudable el error humano, la soledad de tardes blancas,
el encanto de verbena, cuando te sientes inmortal con seiscientos
dólares cada mes entre las manos, justo antes de perderlo todo,
y gritará un nuevo silencio cuando lo material se aleje demostrando
que lo más importante no se compra con papel impreso, ni con oro fatuo.

Yo le besé las manos a una diosa que no existe, le juré promesas crueles,
me llené el alma del antojo del idiota compromiso de crecer
y perdí mucho tiempo antes de encontrarme, antes de volver.

Más no está por mal perdido el tiempo en el que aprendes
a amar de frente, a mirar los ojos de quien lo merece,
a palpitar sólo por lo que sientes, sólo por lo que quieres.

Me está gustando tanto vivir el día a día sin finales,
reinventar caminos olvidados que eran los verdaderos,
agendarme a diario una cita clandestina con la belleza de mis antiguas amantes
y saborear lo hermoso de la vida, de mi corazón sus manantiales,
poniendo fin a la dictadura obsoleta y tangencial de la tontería
que gritaba en mi cabeza, a favor de pensamientos mentirosamente anacronistas.

Y volarán libres al cantar del resto de los inviernos,
los versos que de mis puños arrancaron mis sangrientos
instantes solitarios, en los que me hice grande sintiendo,
volarán a infinitos kilómetros del césped los recuerdos
que anidados en mis secretos hoy me abrazan boquiabiertos.

©MESSIERAL | Poesía
Ciudad de Guatemala 11/07/2016

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Fruto Único

Nunca antes me había sentido así, sobre mi pecho nunca hubo ser bendito, sólo tú. Respirabas bajito haciendo de mi piel un aeropuerto, en el que descansar los aeroplanos de tus sueños… Y verte dormir, poderte sentir, era lo más hermoso de este cuento, me llenas la vida con tu risa, tus locuras son mareas tan tranquilas para mi corazón.

Nadie más que tú sabe cómo hacer, para calmarme en mis enojos, para acallar el huracán que hay en mi voz cuando llamo la atención. Porque un beso tuyo es el arco iris más sublime y tu mirada es el centro precioso de la sinceridad, nadie me dio la verdad que tú me das y es el don más bello del mundo ser parte de tu vida, ser carne y sangre que se entregaría sin dudarlo tan sólo porque puedas sonreír en calma, vivir feliz y que no te falte la esperanza.

No eres igual a nadie tienes que saberlo y nadie es igual a ti, pero en determinada medida todos valemos igual, todos tenemos errores que corregir y virtudes que nos hacen únicos.

Nunca te jactes de saberlo todo, aunque no dudo que eres y serás siempre uno de los seres más inteligentes, sigue respirando en calma y evita estar en medio de problemas, no seas como yo pero evita salir lastimado y lastimar con la palabra. La palabra es un mundo tan hermoso, es deplorable hacer de ella un arma, como lo hice alguna vez yo…

Te amo como no se puede amar a ningún otro ser, ni fingiendo, ni intentando, lo que hay entre tú y yo es algo menos axiomático, es algo más importante e intenso, no hay roce de otra piel que me pueda hacer sentir las maravillas que siento con tu mano posada en la mía, o desordenándome el cabello desarreglado, celebro cada abrazo y cada beso, a sabiendas de que un día elegirás un camino distinto al que yo podría imaginarme para ti.

Ahora ya no duermes sobre mi pecho, tu estatura lo impide, pero te sigo abrazando a mí como se abraza al sentimiento más importante, pero te sigo abrazando a mí como se abraza la más grande esperanza de felicidad en la vida y te amo como a lo más preciado que tengo, al fruto único y adorado de mi anacrónica raíz de cerezos.

A mi adorado hijo, Luis Santiago Ismael.

© Copyright – Messieral | Luis Eduardo – Historias en Ascuas
Ciudad de Guatemala 08/03/2016

Muchas gracias por leerme,
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