La Chica Desnuda de la Calle Rotterdam

La chica desnuda de la calle Rotterdam,
es también la chica al frente del piano que jamás
olvidaré, ni olvidarán las azucenas que una vez
deshilaron la magia de sus notas al nacer.

La chica desnuda de la calle Rotterdam
cuida sus manos de las caricias del nopal,
llueve preciosa sobre el lienzo de ciudad
que ahora me abarca con tranquilidad
y esboza hermosa el cante de un quizás.

Si te dijera cuánto sueño
con la chica desnuda de la calle Rotterdam,
olvidaría por un instante su figura,
anidaría todo el entrevero del comienzo
de aquellos días en los que la empecé a adorar.

Puede ser que los días me lleven a ella,
o que el momento se acerque como prueba
que habrá que superar para poderla conquistar;
puede ser que los manantiales de hojalata
nos aparten de la tarde en que quisimos cruzar nuestras miradas
y que en su piano una nota nos acaricie el alma.

La chica desnuda de la calle Rotterdam
viste su piel con las fragancias más cercanas
al mismísimo sabor de la divinidad, de la verdad;
se angustia si mis manos no se acercan
sin previo aviso a las mañanas que jamás olvidará.

Pero rompe el frío aquel silencio
y sus manos de cristal se hacen de hueso,
de la carne más impresionante, a destiempo,
cuando una Diosa se desviste de su humano cuerpo;
la chica desnuda de la calle Rotterdam
es también la chica al frente de los labios que jamás
olvidaré, que jamás quise enjuiciar, entre los pliegues de mi beso roto,
mientras iba aprendiendo de su saliva a amar, a besar de todo…

La chica desnuda de la calle Rotterdam
grita con sensualidad las palabras de los mares,
me abraza con la misma prudencia de las cuerdas
que aún atan a nuestros secretos mil lunares…

Pero rompe el frío aquel silencio
y sus manos de cristal se hacen de hueso,
de la carne más impresionante, más transparente,
cuando una Diosa se desviste de sus antiguas calles;
la chica desnuda de la calle Rotterdam
es también la chica al frente de los pechos que jamás
olvidaré, ni olvidarán las hebras de mi mansión en llamas…

©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 18 de febrero de 2,017



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Mantis de Alfajor

Ese cuerpo irrepetible de mantis religiosa,
tus caderas de alfajor talladas tan perfectas,
esas piernas que sostienen el mundo en mi fantasía
de encontrarte alguna vez desnuda, a mí cosida…

Es que, Gabriela, escondes en tu nombre
el portento de una diosa impresionante,
con el amor de tu hermosura transparente
y el desenfreno de tu cuerpo imborrable,
como aquellos triunfos en la pista de estambre.

Por un beso fui capaz de desear
una vida entera entre aromas,
que no trajeran nunca tu perfección,
y otras mujeres que en promedio
no igualaran la belleza de tu cuerpo,
de tu sonrisa y la deportista que aquella tarde
me dijo al oído que el amor es  tan sólo un detalle.

Por ti quise quedarme a vivir en un sueño,
no despertar y perderme en la dimensión
del piercing de tu ombligo, que bien conozco,
que en el ensueño de tus motivos
aún recuerda la caricia de mi mano,
tan provocativa y causante de tu miedo.

Pero crecimos y mi única batalla ganada
fue aquel beso que te robé sin clemencia,
mi boca ha saboreado el éter de la respiración de dios,
al encerrar entre tu boca las ansias más grandes
que he llegado a generar en mi piel durante toda mi vida,
con el sabor a esta morena causa perdida / o no /.

Fantasía es el misterio de recordar
con total fidelidad las formas exactas de tu cuerpo
sin haberte desnudado, sin haberte convencido,
sin haber penetrado en tu burbuja más allá de lo sabido,
es un ritual mágico emocional, un detalle intenso
pensar todavía en los acordes que compuse a tu cabello…

©MESSIERAL | Poesía
Ciudad de Guatemala 02/07/2016


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Algo Digno de Nunca Olvidar

En la magia de aquella habitación,
vi duendes sobijeando hadas,
a ellas les encantaba, los acariciaban,
vi orquídeas levantándose la falda,
la parte erótica de cada mantra
y un desván ideal para echarse a pensar,
a esperar a la chica más guapa aprontarse
a subir su cuerpo sobre el mío o llorar.

El caso es que se sacó la blusa con prudencia,
ante mis manos tibias suplicó piedad,
bebí cada promesa de su grandiosidad,
porque nunca haré esperar a una preciosidad,
porque no es de caballeros no estar a la altura
del deseo de una Diosa renacida en piel escultural.

Se abrazó a mi cuerpo como queriendo salvar su vida,
me llenó de besos, como nadie, nunca, antes o después,
me guiñó al oído y susurró a mi voz su leve crueldad,
si acaso te despiertas y ves que me he marchado, no te enfades,
guiñé a su sexo y susurré a su hermoso, clarividente, cuello,
si acaso pasas la noche en vela, preguntándote cómo es que no duermo,
no te preocupes, que no pienso desperdiciar cada minuto de esta noche
hasta que te haya convencido al menos a unas glorias más…

El caso es que aunque enamorarse, en esos casos, no está bien
salimos de palacio con un algo digno de nunca olvidar,
el chiste de las flores lo olvidé, signo zodiacal, talla de busto,
pantone de piel, apetito vaginal, todo eso cómo lo iba a olvidar,
lo he sustituido por honores a la patria, por la misma nacionalidad.

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 27/05/2016

Este Descomunal Ir y Venir

Es descomunal este ir y venir,
del principio hacia el final,
correr en ciclos repetidos
que no llevan a ningún lugar
pero que nos devuelven de la tristeza a cantar.

Será la clase que le pongo a la elegancia
o el color de tus ojos rudos la razón,
será que no escucho nunca el móvil sonar
o que no nací programado para contestar.

Voy a seguir cantando a tu recuerdo,
no voy a olvidar tu dirección en Seattle,
ni que le dije a todos que estabas más lejos,
que ya no volverías a esta cruel ciudad.

Me voy a reír de las películas que veías,
de que resultaste ser otra Miss Carrousel,
de tu falda a cuadros sin principio, ni final,
de las promesas que te hice, de no cumplir al menos una,
de cumplirle, al menos cinco, a tu amiga la santina,
de esta ida y vuelta con destino
a nuestro sitio preferido que es ningún lugar.

Es descomunal ser niños y resolver las cosas
con más inteligencia que la de un adulto,
al ser adultos tener ganas de volver a ser niños,
dejar de soñar con Disneylandia, comenzar a entender
que el tiempo vuela y pasa, que la soledad es recurrente,
que ya nadie nos espera en casa,
que debimos quedarnos juntos,
que debimos tantas cosas, debimos y nada.

Voy a seguir cantando a tu risa,
no voy a olvidar tu desnudez en retrato,
tu cuerpo de diosa experta en acrobacias,
que de ti jamás se me han quitado las ganas,
por fin, me voy a beber el Jack Daniels que me regalaste,
lo voy a dejar de esconder en el zaguán de mis desastres.

Me voy a reír de las historias que escribías,
de que resulté ser un extranjero más que se iría,
de tu tierna locura sin principio, ni final,
de las promesas que me hiciste, de tu aderezo de aceitunas,
de la comida francesa que nunca pudiste emular,
de esta ida y vuelta con destino,
sin documentos, caminos o heridas,
a nuestro sitio preferido, aquel silente bar a escondidas.

Es descomunal este ir y venir…
¿Cuándo volverás?

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 24/04/2016


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La Fotografía: El Viaje de la Vida, es propiedad y arte de Rocío Pardos a quien pueden seguir a través de su Blog: FOTOGRAFÍA ROCÍO PH y también pueden seguirla en su Fan Page de Facebook: UN VIAJE DE DIEZ MIL KILÓMETROS EMPIEZA POR UN SOLO PASO

Por Buenos Aires y el Dolor…

Por enseñarme de tangos
y escuchar conmigo a Iván,
por quitarte la ropa y no los lunfardismos,
por el paseo de las cinco menos veintidós,
por saber lo bien que sabes cuando el vino
te hace frente con su lengua jalaife y su mordisco.

Camuñe, te juro que a diario recuerdo tu sonrisa,
no sé cómo pretendes que te olvide, no prometo nada,
pero cuando creo que lo logro siempre resulta que es cinco de septiembre
y me hecho a llorar sin lagrimear, con honores y fernet del malasangre.

Colifato aún por tus piernas, esas highways tan perfectas,
aún me jugaría la vida a los tiros, desde los once pasos, por vos,
y torrar en el sitio baldío, impetuoso y solitario de tu corazón,
pero ya no volteaste la vista hacia mí, fue definitivo y te aplaudo,
dar ese primer paso en dirección contraria a quien te escribe,
es posible que no haya sido tan desacertado…

Por tu sonrisa de diosa y ese cuerpo a cincel,
por los soles de madrugada y las lunas de los lunes,
por aquel paseo en la Plaza de Mayo y el beso,
por los sobrinos de los viernes y su mal de muelas,
por las noches en los telos, por tu aroma de quinoto,
por atar y ser atado, por ladrar y ser ladrado,
por tus verdes y tus rotos, por tu mano y tu portazo,
por el resto de mi vida y tu colchón, por tu huida y aflicción…

Siempre Gracias. Gracias Siempre.

Por Buenos Aires y el dolor…

© Copyright – Messieral | Luis Eduardo – Poesía
Ciudad de Guatemala 11/04/2016

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Quinientas Nubes de Luto y Dos de Gris por si las Dudas…

De ti aprendí que el punto no va sobre la i,
que hacer el amor es impreciso, pero devorarse no…

Te vi bailar para mí, abrí mi camisa y te dejé latir,
no dudé de tu figura, de tu cuerpo de diosa perfecta,
duró lo que duró, ese siempre será nuestro secreto,
aunque debo reconocer que de las cinco a las diez es un buen trecho.

Te bebiste mi esencia y sólo a ti te he embriagado,
ya no hay diversión entre amantes en días de Obama,
quítate el apellido de ese y vuelve a mis brazos,
que terrible es vivir con otra sabiéndome de ti enamorado.

Recordaba ese lunes, la otra tarde, recordaba el alcohol y la lluvia,
quinientas nubes de luto desde que marchaste, dos de gris por si las dudas
y la misma esperanza del tonto que espera sin hacer nada, sólo drama.

Aprendí de tu sexo que el ron sabe bien con casi todo,
de tu falda aprendí que la victoria implica ascensos preciosos,
de tu ombligo que su piercing contagia a mi lengua
y de tus caderas, que es magia el mordisco de plumas viajeras.

De ti aprendí que el punto, casi nunca, va sobre la i,
que Cortázar se alegra en tu lengua, que Borges sonríe también,
que Asturias nos desenreda si lo pronuncias con cadencia,
y que Storni nos guarda un trocito de lucha, por si las dudas…

Que el rock sabe mejor a oscuras,
que las manos se sienten mejor dónde no las vean,
que abrazada a mi cazadora tú rimas perfecta
y que siempre nos queda un Bloody Mary esperando en la barra…

Nunca voy a olvidarme de tu recuerdo, de tus labios de cierzo,
Tú y yo encontramos la dirección del amor, fuimos sin dudarlo para el otro extremo…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 11/03/2016