El Noctámbulo Entrevero de Nuestro Cursivo Ámbar

Nunca olvidé su letra,
imposible olvidar su amor.

—De las gotas de lluvias seré el color.

En aquel faro a la luz de las gaviotas,
he recordado sus promesas de mar.

Me afirmaba con toda seriedad
que su voz perduraría en mí.

—Como el dolor en la herida al rubí.

Se llenaba los bolsillos con mis prudencias
y despreciaba a dos manos mi credulidad,
más no culpo a su aroma de arroparse
con las estrellas de cada año de frivolidad.

Porque si volviera a llenarme la sed de besos,
si recordara el santo y seña de mi caja fuerte
o el momento que más atesoro en mis adentros,
si viniera su amor a aletear a las ventanas de mi mente,
no me negaría a su voz, a su amor, a su romance…

— En la reserva atenuada, será su caricia imborrable,
su excelsitud inabarcable y única su capacidad de conquistarme.

Huellas de tus pasos en la arena de mi playa,
exhalaciones de tu brisa en las aceras de mi andar,
secretos y placeres de jaguar aún latentes, conservados,
en el noctámbulo entrevero de nuestro cursivo ámbar.

©MESSIERAL| Poesía
Ciudad de Guatemala 03/07/2016

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Caída Libre en Gotas de Lluvia

Como gotas de lluvia deslizándose
en hojas de árboles altos,
caída libre al infinito terrenal,
penetrando la tierra y sus misterios,
llevando aroma de calma a la humanidad
que ya se arropa el alma y la piel,
abrazados al candor de quien se fue.

Evoca la memoria de lo que fue,
pasadizo secreto a un mundo perfecto,
quise quedarme a vivir para siempre allí
pero todo, hoy, es parte tan sólo
del anhelo, de volver a esos conciertos
de aves azules cada mañana de enero.

Hay un niño sonriente en mi interior,
sus ganas de ser cantante y su balón de fútbol,
el diciembre que le atormentaba desde los cinco,
un iracundo deseo de escapar y correr, y volar,
una lágrima inocente que también se desprende
y cae al infinito de la piel de sus mejillas,
donde convergen sonrisa y herida, con sutileza
también un primer beso y un golpe a la encía.

Quiéreme como me quisiste ayer, me dice,
vuelve la vista a lo sencillo, vuelve a ver,
no escapes más de los silencios que provocan
que un mundo dolente se vuelva sublime y algo más.

Como gotas de lluvia explosionando
contra el metal de los autos de ciudad,
caída libre al infinito material,
penetrando la guerra y sus misterios,
llevando aroma de calma a la humanidad
que ya se arropa el alma y la piel,
abrazados al candor de quien se fue.

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 02/05/2016

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