Ha vuelto la calma a nuestra playa pero nuestra marea siempre estará embravecida, somos una especie de acto inevitable que no escatima en su intensidad, que no nos niega el beso, ni el sexo, ni estas ganas de pelear…

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Ciudad de Guatemala 24 de septiembre de 2,018

Lento Fuego

Aguas solitarias,
vida en calma,
sollozos de historias olvidadas;
escritura necesaria
y las manos a la espalda.

Porque al final mi universo
serán dos ojos fijos, al viento,
como una mirada secreta
que nunca olvida y me recuerda.

Si ves bien, nunca me olvidé de latir,
a veces el precio de una vida feliz es aprender a soportar,
por un tiempo, tu mala estrella antes de dormir,
después de despertar y en cada pesadilla que no te deja soñar.

Y, hoy, desde la tranquila felicidad
que me cede tu piel acompasada
con la caricia favorita de tu espalda,
vuelvo la vista a ese retrato nuestro,
el de ese viaje sideral, camino de estrellas,
en el que prometimos amarnos en cada verso
sin miedo a un posible final, sin miedo al silencio,
sin miedo a lo inevitable que siempre se consume a lento fuego.

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Ciudad de Guatemala 6 de enero de 2,016