Personaje en Argumento

Con un puñado
de hielos en la mano izquierda,
se reía como el duelo
de la más poblada tranquilidad;
su vida era un beso pequeño
aunado a los labios más bellos
cuando tarde la vida predice una señal
y el otoño sus hojas guarda para cenar.

Inocentes sus ojos de miedo,
consecuentes sus abecedarios,
hay un pueblo tenue señalando
el camino por el que ciñe su canto;
aunque no es suficiente la vida
y el cuerpo del delito es mentira
aún espera una nueva constancia
para acertar imposibles acrobacias.

Con un puñado
de inviernos en la mano izquierda,
sonreía como sonríe el amor
a la más deshabitada soledad;
su vida era un verso imperfecto
escrito en honor de los ojos perfectos
que observaban atentos sus pasos
y cada uno de sus incompletos misterios.

Culpables sus miedos cansados,
inocentes sus dulces veranos,
notas frías en un pentagrama
adornado con sangre apreciada;
cuentos finos de una sola palabra
y un ángel, en su camino, de boceto canalla…

©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 1 de enero de 2,017 

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Al Cantar del Resto de los Inviernos

Recién llegado del fuego original me vio diciembre,
en un acto de ternura, magia intacta en los silencios,
devoción a la palabra y ocho gramos de dulzura
acordonando la escena del más bello de todos los inviernos.

Calló el muro y su arrogancia disparatada,
cayó el muro y con él cada vieja desesperanza.

Correrían todos los ríos en dirección al mismo sur,
pero hay lugares tan secretos que cambian de dirección
cuando un paso oxidado restablece su andar consolidado,
porque fui creciendo, soñando menos dormido que despierto,
abriendo el alma y los antojos a tantos amores buenos.

Es indudable el error humano, la soledad de tardes blancas,
el encanto de verbena, cuando te sientes inmortal con seiscientos
dólares cada mes entre las manos, justo antes de perderlo todo,
y gritará un nuevo silencio cuando lo material se aleje demostrando
que lo más importante no se compra con papel impreso, ni con oro fatuo.

Yo le besé las manos a una diosa que no existe, le juré promesas crueles,
me llené el alma del antojo del idiota compromiso de crecer
y perdí mucho tiempo antes de encontrarme, antes de volver.

Más no está por mal perdido el tiempo en el que aprendes
a amar de frente, a mirar los ojos de quien lo merece,
a palpitar sólo por lo que sientes, sólo por lo que quieres.

Me está gustando tanto vivir el día a día sin finales,
reinventar caminos olvidados que eran los verdaderos,
agendarme a diario una cita clandestina con la belleza de mis antiguas amantes
y saborear lo hermoso de la vida, de mi corazón sus manantiales,
poniendo fin a la dictadura obsoleta y tangencial de la tontería
que gritaba en mi cabeza, a favor de pensamientos mentirosamente anacronistas.

Y volarán libres al cantar del resto de los inviernos,
los versos que de mis puños arrancaron mis sangrientos
instantes solitarios, en los que me hice grande sintiendo,
volarán a infinitos kilómetros del césped los recuerdos
que anidados en mis secretos hoy me abrazan boquiabiertos.

©MESSIERAL | Poesía
Ciudad de Guatemala 11/07/2016