Cielo Febrero

Aún no me lo puedo creer,
todavía sonrío con el alma quieta,
estuviste en mi casa tras tantos años,
con esos ojitos, tuyos, de cielo febrero
y la palabra tan bien alzada entre tus labios.

Me quedé frío al abrir la puerta,
tu sonrisa se invitó a entrar,
pusiste un beso bueno en mi boca
y aún no se apaga en mí el asombro,
así que prometí, que haría un poema
para nunca olvidarme de aquel beso…

Ni de que estuviste aquí…

Con otro acento, uno más frío
pero los mismos gestos lindos,
con otra ropa, más apta para olvidos
llegaste hasta mi encuentro.

No quise ofrecerte flores,
aunque me guste tanto redundar,
quise más besos, quise una vida,
nunca pense en descansar,
me llamaste por mi nombre,
aunque me confesaste que siempre
estuviste loca por aquel pequeño mote.

Sanaste las dudas de mi intemperie,
le diste el descanso a mi alma rota,
yo no quise contarte del desastre
que frabriqué tan cercano a tu ausencia,
me sumergí en tu tacto tan completo
y en los tallos de tus abrazos ciertos…

Porque estuviste aquí…

Por un momento no hubo mundo
más que el recuerdo de aquellos días nuestros,
no hubo más tornillos que los que
nuestras risas dejaron sueltos,
me quedo el vaho de tu aliento en mi ventana
y aquella nueva posición extraña,
sin cambiar el ritmo de nuestra actualidad,
es posible que no pase mucho tiempo hasta que por fin,
con todo amor e intensidad, elijamos quedarnos juntos.

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 19/04/2016

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Cuando Todo Estaba Permitido

Cuando todo estaba permitido y ella me cuidaba,
no importaban los excesos, ni la hora, confiaba,
detestaba mis andanzas sin sentido, pero decía con calma,
trocito de mi vida, yo te cuidaría hasta descerebrada.

Me invitaba a su música y a sus lecturas,
yo aceptaba muy de mala gana, de mala rama,
consentía mis caprichos, me dio tanto por casi nada,
hoy recuerdo, que en mis frustraciones susurraba más bajito
para que el demonio en mi cabeza no escuchara.

Me decía, tú de todos eres el mejor, el imposible, el divino,
yo te quiero así como eres, invítame a tu ruido,
imperfecto y despeinado, así te amo, así me muero
si me falta un sólo día tu rabieta sin sentido de las cuatro.

Me invitaba a beber vino en mis cumpleaños,
cocinaba un pastel de gelatina, con encanto,
de ese mismo que en sus manos fue la pieza
fundamental para calmar la tormenta innecesaria.

Se vestía tan hermosa para mí, yo celaba que otros la vieran,
entiendes, yo celaba y ella lo hacía siempre para mí,
me cuesta admitir que me he equivocado al dejarla tan sola,
al decirle esa última vez, que no conocía a una que estuviera más loca.

Cuando todo estaba permitido y de sexo eran cinco dosis al día,
cuando rebelde sentía que el mundo en mi palma cabía,
jamás me di cuenta que era ella quien allí lo ponía
para ver a su amado feliz y tranquilo un nuevo día…

Cuando todo estaba permitido y el dinero no era problema,
cuando aquel veintiuno de diciembre, cazando casamos nuestras almas,
no hizo falta ni anillo, ni contrato, ni nadie, nada hubo fingido,
fue la luna llena y ese beso mi gratitud para con tan sublime mujer,
y aunque hoy no queda rastro de lo que fuimos, siempre le voy a agradecer…

Porque no me olvido de sus enseñanzas, no me olvido nunca de ello,
que el amor es amor y el sexo es sexo, pero podíamos con todo eso,
buenas noches de lunas y un beso eterno deseo en tu porvenir de cometa,
todo aquello bueno que me diste, te juro, te lo devolverá la vida por ser tan buena…

Cuando todo estaba permitido y nadie se metía conmigo,
cuando conocí a tanta gente que ahora se ha ido, no hubo quejas,
ni dramas idiotas de novia indignada, sólo un beso perfecto
y palabras más dulces que esas gotas de sangre unidas en un pacto
que rompimos pero no olvidamos, que rompimos pero recordamos.

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 15/03/2016