Migaja de Luna

Vive, respira lo necesario,
nunca tomes de alimento lo vano,
corre con tus alas de posible
y sécate el alma con el dorso
inclemente y saturado de clavel.

Llueve con tranquilo aroma
de tierra mojada sobre mí,
que suave es tu risa, quimera profunda,
la que elevas del tacto a su sal,
cántame al oído el secreto mejor
guardado por tu lumbre de arroz.

Que yo estaré para cuidarte con mis brazos fuertes,
te sostendré cuando el peso de la vida sea constante,
perduraré en tu alma como un hilo que te ciñe a lo nacido
y en el velo que te cubra el cuerpo seré pacto de voz.

Migaja de luna hoy es tu verbo, y tus ojos claros de almidón,
que me muestran los secretos inocentes de un dragón
y de un hada que escaparon de las dudas, siendo fuertes,
siendo dignos, impregnados de gotitas de canción…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 18/03/2016

Gracias por sus ojos y por pasar a leer,
Para leer más de mis poemas, visita la sección Poesía.

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Somos

Noches de luna,
tu dulce figura,
que mengua sin prisa,
que a prisa caduca…

Sinceras bahías
me adoptan perdido,
el agua extraída de olas
entre su alma me cobija,

Naufragio impaciente,
dolor que no miente,
soledad incesante
en un vientre tolerante,
somos…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala año 2007

Cuando Todo Estaba Permitido

Cuando todo estaba permitido y ella me cuidaba,
no importaban los excesos, ni la hora, confiaba,
detestaba mis andanzas sin sentido, pero decía con calma,
trocito de mi vida, yo te cuidaría hasta descerebrada.

Me invitaba a su música y a sus lecturas,
yo aceptaba muy de mala gana, de mala rama,
consentía mis caprichos, me dio tanto por casi nada,
hoy recuerdo, que en mis frustraciones susurraba más bajito
para que el demonio en mi cabeza no escuchara.

Me decía, tú de todos eres el mejor, el imposible, el divino,
yo te quiero así como eres, invítame a tu ruido,
imperfecto y despeinado, así te amo, así me muero
si me falta un sólo día tu rabieta sin sentido de las cuatro.

Me invitaba a beber vino en mis cumpleaños,
cocinaba un pastel de gelatina, con encanto,
de ese mismo que en sus manos fue la pieza
fundamental para calmar la tormenta innecesaria.

Se vestía tan hermosa para mí, yo celaba que otros la vieran,
entiendes, yo celaba y ella lo hacía siempre para mí,
me cuesta admitir que me he equivocado al dejarla tan sola,
al decirle esa última vez, que no conocía a una que estuviera más loca.

Cuando todo estaba permitido y de sexo eran cinco dosis al día,
cuando rebelde sentía que el mundo en mi palma cabía,
jamás me di cuenta que era ella quien allí lo ponía
para ver a su amado feliz y tranquilo un nuevo día…

Cuando todo estaba permitido y el dinero no era problema,
cuando aquel veintiuno de diciembre, cazando casamos nuestras almas,
no hizo falta ni anillo, ni contrato, ni nadie, nada hubo fingido,
fue la luna llena y ese beso mi gratitud para con tan sublime mujer,
y aunque hoy no queda rastro de lo que fuimos, siempre le voy a agradecer…

Porque no me olvido de sus enseñanzas, no me olvido nunca de ello,
que el amor es amor y el sexo es sexo, pero podíamos con todo eso,
buenas noches de lunas y un beso eterno deseo en tu porvenir de cometa,
todo aquello bueno que me diste, te juro, te lo devolverá la vida por ser tan buena…

Cuando todo estaba permitido y nadie se metía conmigo,
cuando conocí a tanta gente que ahora se ha ido, no hubo quejas,
ni dramas idiotas de novia indignada, sólo un beso perfecto
y palabras más dulces que esas gotas de sangre unidas en un pacto
que rompimos pero no olvidamos, que rompimos pero recordamos.

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 15/03/2016

Libídine Expertiz un Día de Muertos

Sucedió la tarde del día de muertos, a las cinco y doce minutos de la tarde. Ese día nos encontramos temprano en la mañana, me miró en el umbral de mi puerta, la tomé por la cintura y la atraje a mí…

–Hola doncella tienes las líneas de dientes con que quiero drogarme
y la lengua que quiero atestiguar-

Sonrío con las mejillas enrojecidas, tomó la base de mi cinturón y caminó dentro de mi casa con la mano ocupada, entró en mi habitación cual si fuere propietaria, se sacó las botas de cuero y el sombrero de negro dragón, las plumas de zafiro no eran nada comparados con sus cabellos de capricho. Aparcó en mi cama.

Me encantaba con su magia y con el iris en sus ojos tan negros, como los prefiero, esa tez blanca de albinas flores y el aroma inolvidable, más que elegante, de guerrera insumisa. Se llamaba más bonito que todas, diabulous in música era su favorita y me miraba con esa risa tan herida, con esas manos tan vacías, con esas ganas de llenarse de mí. Y la llené…

Besaba tan elegante, tan portentosa, tenía los labios sumidos en un encanto crepuscular y el movimiento de su beso era cadencia de serpentina sensualidad, su aura seguro era de rojo con acres visiones, no puedo negar que nunca pude jurar en su presencia cosa alguna, toda su imagen perfecta e imperfecta y su fríos cometas me llenaron la vida de mordaces tardes inmortales.

La desvestí como el expertiz en que me convirtió la vida intensa, de frente a su cuerpo desnudo supe que no hay nada más perfecto, ni pechos más exactos, ni caderas más extremas, que no hay droga más meticulosamente diseñada para los delirios de mis ganas.

-Mécete sobre mi cuerpo como si fueras la luna pendiendo de un hilo,
lo que sentirás entre tus piernas te hará olvidar por un rato el abismo-

La sostuve entre mis brazos por un buen tiempo y la pared resistió con cada golpe de cuerpos en ella, la intensidad fue más que fuego, era sortilegio maléfico de refulgente apetito. No saciados seguimos, continuamos, nos devoramos del centro a los extremos, nos besamos elegantemente y con la cadencia de una composición seráfica. Sudamos fortuna líquida y nos entregamos de manera tal, que no quedara apocalípsis en  agenda, nunca me llamaba por otro que no fuera el segundo de mis nombres. Sin duda, ella tenía un nombre más bonito que el de todas.

Conocía los prodigios de las estrellas, no le tenía miedo a la muerte y supo adaptarse a mi deseo, el sexo fue exquisito como un alimento extravagante en refectorio capricornio, se llenaba los labios de mí, me encendía con el roce a penas de las manos y su secreto lo he guardado en la cobija descorazonada de verdes neones medianeros…

En fin, lo que quería contar es que ese día, a las cinco y doce minutos de la tarde, aprendí lo que significa la palabra entelequía, cuando después del libídine, me leyó en la cama, me entalló su cara en la manga sin as de espadas…

© Copyright – Messieral | Luis Eduardo – Historias en Ascuas
Ciudad de Guatemala 09/03/2016

Muchas gracias por leerme,
les invito a leer estas otras historias en ascuas:
Fruto Único
Gelassenheit
That beach which made us love us more…

 

Insomnia

Esta noche sin ti
no la quiero vivir,
tu espalda se ha hecho
la luna de mis noches,
sin explorarla con mis besos
me siento tan indefenso.

Ya sé que aunque estés lejos
me estás amando y extrañando también,
ya sé que aunque estés lejos
me estás llorando y escribiendo además.

Eres mi gravedad a tierra,
el universo infinito en mi pecho,
mi pecho que te aguarda
amplio y extenso para tu reposo.

Y es que no quiero escuchar mi nombre en otra voz,
y es que no quiero vida alguna si no en tu amor,
sin ti mi universo no tiene sentido…

© Copyright – Messieral | Luis Eduardo – Poesía
Ciudad de Guatemala 16/12/2015

Muchas gracias por sus ojos,
también les invito a leer estos poemas:
Elegir(te)
Al pan, pan y albino vino
La Blanca más Morena que Besé
Yo Escribo Para Usted

 

Mariposa Oscura de Pétalos Mortíferos

Valías más o menos la mitad de lo que no eras,
las penas se asustaban recostadas en tus abismos,
eras mariposa oscura de pétalos mortíferos…

Tus caderas eran litorales de agua fresca para hundirme,
tus piernas dos zancos inseguros, en la cuerda floja
de tu sombría y absurda manera de herirme.

La piel de la muerte era tu abrigo
y el diablo un amigo de tantos,
mortecina intención en tu paladar,
mariposa oscura, dañina y hermosa,
seductora y terrible manipuladora.

Tu elegante luna de tinta te decoraba,
me gustaba tu risa constante y densa,
me llenaban las arterias tus glaciares,
nómada en eso de fabricar altares.

Ahora tu recuerdo me persigue,
efímero y prudente, cada tarde
de marzo en la que te quedaste,
sin permiso ni respeto a habitarme…

© Copyright – Messieral | Luis Eduardo – Poesía
Ciudad de Guatemala 03/03/2016

Muchas gracias por sus ojos,
también les invito a leer estos poemas:
Elegir(te)
Al pan, pan y albino vino
La Blanca más Morena que Besé
Yo Escribo Para Usted

La fotografía: Mariposa Chupaleches, es propiedad y arte de Rocío Pardos a quien pueden seguir a través de su Blog: FOTOGRAFÍA ROCÍO PH y también pueden seguirla en su Fan Page de Facebook: UN VIAJE DE DIEZ MIL KILÓMETROS EMPIEZA POR UN SOLO PASO

 

 

Al pan, pan y albino vino

De tus rosas las espinas,
de tus piernas mis huellas
y sudor de luna acicalada,
llueven rojas estrellas
sobre la cama de yerba
que esta noche nos espera.

Ya no hay dragones hambrientos
con ganas de devorar tu pensamiento,
ya no hay hiedras adheridas a mi cuerpo,
se revuelcan en las aguas teñidas de cielo.

Doncella africana de beso albino,
altivo pan de reserva vinagrada,
sabor artístico de labios noches,
vino silente de pócima de clavel.

Sutura de candelabro al corazón,
mago constante galopando azul,
herida de vida susurrando labios,
una fuga constante de sueños erizos
y tu tertulia Sauvignon de diablo roto.

Doncella africana de beso albino,
pan consumido del sendero de avellana,
arte en la sangre y vino en la mirada,
pócima secreta de clavel, arte y magia.

© Copyright – Messieral | Luis Eduardo – Poesía
Ciudad de Guatemala 27/02/2016

Muchas gracias por sus ojos,
también les invito a leer estos poemas:
Del Alma y La Piel…
Ser de ti…
Enigma y Tristeza
La Cima Más Alta

Estos dos años de amor no se le parecen a nada, salvo a alguna aurora boreal que, al verla, hace sentir la magia del cosmos, o alguna palabra que se le desprendió a un ángel y que sólo hemos pronunciado los dos… Tu amor es la luna llena con dos de azúcar.

© Copyright – Messieral | Luis Eduardo – Citas
Ciudad de Guatemala 16/02/2016

Alas Nuevas de Seda

Era un ángel, con piel de amapola y suspiros de cielo, tenía un ala con herida, yo le abrazaba con suprema dulzura, le alejaba del frío que trae la aurora. Una vez me contó su sueño más recurrente, quise besar su herida pero su boquita nos interrumpió y floreció un aroma, nuevo, de verdes helechos y noches perennes, me eclipsaba su sonrisa bonita, era todo un augurio de fina y tersa alfombra de plumas, me gustaba más la piel de su alegría que la de su tristeza, pero ambas mías, pero siempre mías porque nunca fue capaz de hacerme daño…

Me enseñó el milagro de lo elemental, se refugió con sus hombros virginales en el escondite secreto de mis ideales, se aferraba tan fuerte a mis huesos que me perseguía la idea de mantenerla herida a mi lado, que nunca sanara, que no recordara volar, que nunca se pudiera marchar. Se pintaba las uñas con tinta de mirra, las tempestades hacían susurro su vocecita de mansa caliza. Se dejaba llevar por mi canto, bailaba suavecito con los ojos cerrados, entreabría los labios para abarcar con su respiración a mis manos con frío.

Se dormía pegadita a mi pecho, yo nunca dormía por estar observando sus pestañas, me buscaba con sus tersas manos y una de tantas veces descubrí sana su herida, sabes cómo es querer y no querer, decir y no decir, reír y llorar, todo a la vez. Los grandes dilemas dentro de mi alma han sido, desde siempre, a causa de situaciones complejas y determinantes.

Se fue con su llanto, con su disfraz de ave, a veces, por lo alto me observa y me cuida, se saca las alas por impresionarme, aprendió a levitar por precaución ante futuras heridas,
sus alas siguen siendo de seda, un invento personal de última generación.

Se me fue con el viento, yo no pude decirle adiós, sólo recuerdo que señalé un punto estático en el cielo y supe que no volvería jamás, pero era un ángel, lo sigue siendo, nunca dolió un instante suyo en mi pecho, me calmaba con sus historias de egipcias guapas, me atrapó en la sal de su hoguera una noche pequeña. La luna alzó las cejas al verle, se intimidó y fue tal el estruendo, que esa noche hubo eclipse total de luna y en la oscuridad me dijo: Constrúyeme dos alas nuevas que éstas por tu culpa seguro me las quitan…

© Copyright – Messieral | Luis Eduardo – Historias en Ascuas
Ciudad de Guatemala 11/02/2016

Muchas gracias por sus ojos y sus alas,
también les invito a leer:

La tarde que sabe mejor
Veneno Miau
Mientras yo camine te recordaré
De magia y no de momentos