Abra Kahdabra, Cuerpo de Dama

El día termina en mi ciudad aunque
la tuya amanezca, ahora mismo,
tan europea como siempre,
deja el desayuno en la mesa de la última vez,
allí lo buscaré cuando amaneza en mi ser,
utiliza las especias que me evoquen tu sazón,
el de tus besos, tus lunares y corazón…

Prepara la comida con trocitos de tu risa,
me quiero alimentar de ti en la distancia,
temprano en las mañanas te sonrio y me pregunto
si es que me miras por qué no te veo yo igual.

Hay algo en ti que me pone muy bien,
hay algo en ti que me dice cosas bonitas,
aunque nadie más me las diga, doble fila,
aparco en la vida de siempre queriendo otra,
una de ti más cerquita en la que también te escriba.

Una vida en la que tú prepares el desayuno
con especias exquisitas y migajas de sonrisas,
una en la que la brisa traiga la hidratación
que le hace falta a las paredes de mi habitación.

Y es que hay algo en ti que me pone muy bien,
si está todo difícil me facilitas la huída necesaria,
tu recuerdo y tu sazón son como postres de antesala,
como cuerpo de guitarra que se quedó al ser pronunciada.

Es hora de vivir amor mío, aunque amanezcas menos americana,
aunque europea hoy te sientas sin las gafas, aquí te pienso en la mañana,
y sé que me piensas, sé que recuerdas esa cena: Abra Kahdabra, Cuerpo de Dama.

El día termina en mi ciudad aunque
la tuya amanezca, ahora mismo,
tan europea como siempre,
es hora de vivir amor mío
porque tú has despertado con mi nombre pronunciado
y yo me voy a dormir arrullado en mis sueños por tu canto,
por los libros inconclusos en tu voz y mis constelaciones de arrumacos…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 12/05/2016

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Vas a Penas Despertando

Vas a penas despertando y, yo,
ya te observo con los ojos del forastero explorando
un lugar hermoso que le calma la mañana.

Vas a penas despertando y los rayos de sol
sienten celos de tu brillo, de la luz a que invitas,
del halo de guapura que envuelve tu postura.

Se dibuja una sonrisa  pequeñita en tu mirada
y tus ojos aún sin aperturar ya me encantan,
porque vas a penas despertando y, yo, veo
en tu mirada mi ciudad preferida despeinada.

Te despeinan mis manos al jugar con tu pelo
y es armónico el verbo del amor en tus labios,
tanto que vas a penas despertando y yo me enamoro,
con profunda inspiración, de tu abrazo a cerrojo.

Vas a penas despertando y mi corazón se decanta
por tu leve respiración exacta, por la constelación de lunares que hay en tu espalda.

Vas a penas despertando y mis palabras son odas
a la perfección de tus pestañas siempre hermosas…

Y es que vas a penas despertando y algo en mí empieza a cambiar,
me estás cambiando, me estás llevando a la creencia bella
de mis venas a tu amor, de mis presas a tu sol…

Y, entonces, comienzo a despertarme yo…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 31/03/2016

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