Beso en Fa Durmiendo

Yo le canto a la verbena de tu alondra,
al motín aglutinado de esa vez,
y al recuerdo pesadilla de escapar,
porque hay veces en las que,
verte atardecer a mi lado es todo lo que quiero.

Pero dicen que la vida es un enigma,
un misterio de colores matinales,
que al mínimo resuello se transforma
en cortinas de abstracciones colosales.

Siempre he sido indiferente con el fuero
de falsos compañeros de la ciudad mía,
yo prefiero aquella playa que encontré allí en tu cuerpo.

Y ojala que las banderas de ese oro crujidero
se agoten un buen día de tanta rabia prisma,
que volvamos a encontrarnos libres de su verbo.

Y cantar juntos la esperanza prometida,
a tu cuerpo junto al mío, como encinta la revuelta
que por las calles va imantando los delirios de cereza
de un grupo de amantes a los que importa poco
si esta misma tarde estalla en mil pedazos el planeta tierra.

Que puede más el amor vivir de los momentos
y olvidar todas las guerras en segundos,
cuando cierres tus ojos lo entenderás, al recordar
el mejor de aquellos besos, aquel beso en Fa durmiendo…

©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 23/07/2016


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En estos momentos en los que bajo el volumen a mi soberbia,
comprendo que tú me hubieras salvado de tan estruendoso caos…

Porque eres toda la hermosura que cayó, desde el paraíso, del bolsillo roto de Dios
y que yo no quise conservar, que perdí y que a mi alma debí dejar cosida, mi cosmos…

© Copyright – Messieral | Luis Eduardo – Citas
Ciudad de Guatemala 09/04/2016

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De Magia y no de Momentos

Cuántas lágrimas cabían en tus ojos, cuántas estrellas en tu piel, sería posible deletrearte con el tinto en tu mesita de noche, con tu elegancia y desnudez temblando de incertidumbre.

Siempre fui tu igual con distinto sexo, siempre te miraba con los ojos de quien entiende, aunque no comprenda, siempre amainaba tu pena con remansos de mi voz. Te escuchaba abrazarte al veneno, te escurrías sobre tu toalla en tal magnitud que encantaba, me miraba al espejo y veía el deseo que pediste de niña, frente a las velas de aquella torta de rojas cerezas, de rotas promesas.

Tus besos no eran besos baratos, en cada uno de ellos te llevabas un trozo de mi vida, tu cuerpo no era un cuerpo insensato, dominaba la cadencia que dominan las diosas al bailar. Te escuchaba reír con soltura, me gustaban tus mejillas pausadas al recibirme, al besarme y consentirme. Te gustaba mi mal manejo de la frustración, te reías de mis desesperaciones y me abrazabas prometiéndome que todo estaría siempre jodido, me decías que para qué me iba a preocupar.

Me contaste todos tus secretos, conocí el sabor de tu placer y la herida más profunda de tu desastre, sabía con anticipación, qué medias cubrirían tus piernas la siguiente vez y la falda que me invitaría a tus piernas si es que, acaso, el amor se atrevía a anochecer.

Te gustaban mis canciones y te hiciste una pulsera con las cuerdas de mi guitarra, marcaste mis cuerdas vocales con tu verbo, me anclaste tus uñas en el cabello, para que no me atormentara ningún aguacero, me enseñaste que la vida está hecha de magia y no de momentos…

Me dejaste el mejor sabor de boca que podías, la vida nos cambió de posición, la vida se encargó de sumergir el área de fumadores de aquel restaurante de comida rápida (También porque entendí que fumar mata, sí, fumar sin ti, lo he dejado, supongo que tocaba seguir), la lluvia y la equis, las iniciales más importantes, el contenido del sol, la bitácora de subterfugios en los que se coge mejor, sin prisas.

Jugamos a la botella con la guadaña de la muerte, nos encerramos en una jaula que tenía jodida la puerta de salida, inventamos un nuevo abecedario para nunca repetir con nadie nuestras palabras irrepetibles, nos volvimos innombrables, reímos con la carcajada de púas y cuero, con los riffs más honestos. Te guardaste la llave del cautivo, de mi deleite hiciste costumbre, te guardaste mis labios, te los llevaste, me dejaste otros nuevos, inconexos a ti…

 

© Copyright – Messieral | Luis Eduardo – Historias en Ascuas
Ciudad de Guatemala 08/02/2016

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Silente Acrobacia Perversa.
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