Cada vez que alguien hace daño a un niño, este mundo se convierte en un lugar mucho peor…

©®Messieral | messieral.com
Ciudad de Guatemala 12 de marzo de 2,018

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Tus Tres Nombres y Cada Uno de tus Silencios…

Piel de índigo astronauta,
valle de meteoros forjando
una historia que nadie entendería
y sueños hermosos de ambrosía
con huellas de tu andar a tierna prisa.

Espíritu de un niño de otro tiempo,
zaguanes perfectos para volver a acertar,
será que mi voz se quiebra de amor
cada vez que a mi vera te observo tiritar un poco más…
O quizás sea nuestro navío el que nos mece
para hacer del ancho mar de nubes nuestro hogar.

En ti y en tu simplicidad vive mi corazón,
un latido es el pretexto necesario
para volverte a respirar, para aprenderte a susurrar
la nana de dulces palabras que te ayude a dormir,
que me ayude a entender lo que tú quieres sentir…

Será el cobijo de tus noches el aliento del jazmín
y las tertulias en las que a las estrellas, tú, harás sonreír;
si una vez el amor abre la puerta despacito frente a ti,
no te guardes los años, no esperes y aprecia el momento
porque no se repetirá, porque irá siempre a tu lado su amuleto…

Sé sincero, nunca olvides que te quiero,
y que siempre hay un lugar en el que el firmamento
conoce tus tres nombres y cada uno de tus silencios…

(Con todo el orgullo que me hace sentir, dedicado a mi hijo Santiago)
©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 14 de Octubre de 2016

Caída Libre en Gotas de Lluvia

Como gotas de lluvia deslizándose
en hojas de árboles altos,
caída libre al infinito terrenal,
penetrando la tierra y sus misterios,
llevando aroma de calma a la humanidad
que ya se arropa el alma y la piel,
abrazados al candor de quien se fue.

Evoca la memoria de lo que fue,
pasadizo secreto a un mundo perfecto,
quise quedarme a vivir para siempre allí
pero todo, hoy, es parte tan sólo
del anhelo, de volver a esos conciertos
de aves azules cada mañana de enero.

Hay un niño sonriente en mi interior,
sus ganas de ser cantante y su balón de fútbol,
el diciembre que le atormentaba desde los cinco,
un iracundo deseo de escapar y correr, y volar,
una lágrima inocente que también se desprende
y cae al infinito de la piel de sus mejillas,
donde convergen sonrisa y herida, con sutileza
también un primer beso y un golpe a la encía.

Quiéreme como me quisiste ayer, me dice,
vuelve la vista a lo sencillo, vuelve a ver,
no escapes más de los silencios que provocan
que un mundo dolente se vuelva sublime y algo más.

Como gotas de lluvia explosionando
contra el metal de los autos de ciudad,
caída libre al infinito material,
penetrando la guerra y sus misterios,
llevando aroma de calma a la humanidad
que ya se arropa el alma y la piel,
abrazados al candor de quien se fue.

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 02/05/2016

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Dos, Tres, Miles o un Millón

Es tan fino como el borde de un final imprevisto,
como la densidad del agua mientras el viento lo mece,
si escuchaste, alguna vez, a un niño susurrar sus secretos
y viste a un ave herido de muerte suspirar, es así…

Bajan las persianas de la luna, las ciudades bostezan de frìo,
un color nuevo lo inventaron en un beso, dos amantes,
y las mañanas prometen un mejor alimento, un tiempito,
para dos, para tres, para mil y un millón de vecinos…

Me dejas que te abra la puerta de mis tristezas,
me dejas que busque en tu risa mi salvación
y te dejo, no te dejo, cantarle a mi vida una canción
que hable de nosotros, de tus heridas conocidas y su don…

Y te busco en el centro de mi cuerpo, pero no estás,
vas adherida a mi exterior como armadura que protege
cada paso y cada verbo, cada noche y cada verso desde hoy.
Pasará un río de sangre, un nuevo cometa Halley,
pero ya se habrá secado el gran río del arroz
y dirán te lo dije, lo dirán siempre dos, tres, miles o un millón…

Tú toma mi mano y no te sueltes, no te sueltes mientras puedas,
que la vida es un instante y el instante de tu risa mi tesoro,
que mi tesoro va compuesto de agonías y presagios, de manso calvario
y de cuatro de tus fotos que guardé, cada una para distinta ocasión…

Y te busco en el centro de mi cuerpo, pero no vas,
estás adherida a mi exterior, como una estrella fugaz domesticada
que se ha quedado a iluminar los oscuros rascacielos y sus sombras, y su azar.

Me lo dijeron dos, tres, miles y un millón de veces también…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 17/04/2016

Niño Envasado al Vacío

Desde el centro de mi desastre, la bitácora de mi catástrofe incoherente, toda la mediocridad que no quise tener es mía, tan mía que se aferra y no me quiere soltar. Me abarca como pocas veces alguna amante pudo, por completo. Me he tropezado con mis demonios y han sentido miedo de mi frialdad, existe un tipo de hielo capaz de evaporar los fuegos infernales, y es peor que el dolor, y es peor que la decadencia, y es peor que el pánico… El vacío.

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