Respirar, avanzar en calma, curar la enfermedad; reiniciar, dulzura en otros labios y en otro manantial… Respirar, de los bosques que antes, más claros, nos vieron suspirar; inventar un paso firme pero nuevo y no desesperar…

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Ciudad de Guatemala 28 de octubre de 2,018

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Respirar

Hay días que parece
que la vida tiene toda la intención
de hacerme saber que no es lo que parece,
que a veces es horrible en toda su extensión.

Y el demonio se pasea hilarante por el centro
de cada uno de los pasillos de mi derredor;
la verdad cruda es amarga sólo para aquel
que sin mirarse, sin prestar más atención a su neceser,
lentamente y con astucia va perdiendo todo rasgo de razón.

Las caídas y los golpes necesarios para el alma
hoy me duelen, como si fuesen heridas hechas por metal,
estoy solo y destruido, tan cansado y sin abrigo;
te juro que hasta me está costando vislumbrar.

Hay noches en las que aparece
la peor de las caricias, de la desolación,
y la rabia nos consume, desaparece a la inmune
ternura que por amor siempre nos unió;
discusiones y peleas, las matanzas, las rabietas,
todo viene precedido de falta de autocontrol,
me estorban mis enojos, mis frustraciones, mis cadenas,
yo te amo tanto; y daño es lo que jamás he querido causarle a tu corazón.

Las tristezas y los miedos inclementes que me nacen,
me desgastan y me parten en una mitad de mí que desconozco,
será que ya es muy tarde, o aún queda tiempo suficiente
para reparar todo lo que mi otro yo hecha a perder y ha hecho trozos.

Sin saberlo bien, la mejor respuesta es respirar,
contener todo orgullo y toda maldad,
me entristecen las batallas innecesarias,
acércate que necesito tranquilizar mi pecho entre tus alas…

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Ciudad de Guatemala 28 de enero de 2,017

Los Trozos de Piel que me Resten

En el final de mis líneas
que me juzgue la poesía,
si es que a su favor hice bien,
si es que a su favor hice mal,
yo no puedo dejar de escribir
mientras el duende que me habita
siga accionando la maquinaria
que me obliga a latir dentro de estas llamas.

No puede paralizar cosa alguna
la necesidad de amanecer la palabra
en un ser que vive de letras
y canta en todo momento a las brasas.

Lloveré los trozos de piel que me resten
sobre el folio que espera impaciente
por un nuevo verso de amor consecuente
o las penas que no pueda llorar y alimente.

Freirán mis huesos en ascuas intensas como la nieve,
de mis cenizas se hará un dulce collar dibujado
por finas manos de ciento cincuenta mujeres.

No puede paralizar cosa alguna
un alma que vive de historias,
que actúa en su teatro a diario
crueles coincidencias de una vida
absoluta que no quiso descanso.

Si el poeta no deja de respirar
no puede detenerse la línea,
si el poeta no deja de amar
no puede perderse la vida,
a mí un lunar del hombro de una señorita
me enseñó que hasta el último beso nada se marchita.

En el final de mis líneas
que me juzgue la poesía,
si es que a su favor hice bien,
si es que a su favor hice mal,
yo no puedo dejar de escribir
mientras el recuerdo que me habita
siga accionando la maquinaria
que me obliga a evocar dentro aquellas aceras,
en las que rumbo al lago besé aquella boca sincera.

Y yo arderé en mil corazones
que no serán igual al de ella,
y anidaré en ojos brillantes
que no podrán ver en mí
todo lo que al elegirme vio ella,
que me juzgue y me guarde
un trocito de su inocencia,
que me juzgue y me salve
de todo olvido, de toda ausencia.

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 20/05/2016