Lo Demás…

Del llanto de la membrana más fina de la pena
se aprende, con la necesidad de amor, a cantar
y en esdrújulos besos no he aprendido a olvidarte,
ni a cumplir la condena que trae atreverse a besarte.

Yo era tan feliz cuando por la calles tu aroma
impregnaba toda avenida con su donaire,
yo era tan triste cuando por los mares tus olas
arrancaban tu sabor, con violencia, de los aires.

Lo demás es tempestad envuelta en piel de seda,
un deseo noctambulo de agrietados labios rotos;
una melodía en honor al desastre y a su colmena,
en la que habita una abeja reina de tenues ojos
que se parece mucho a ti cuando su grito nos enerva,
como enervan las mansiones sepulcrales a los muertos.

Yo era tan feliz cuando por las partes de mi coima
esparcías maldiciones silentes que aún le duelen,
yo era tan triste cuando entre las manos la cocaína
te prometía presentarte el secreto de un contenido ángel…

Lo demás es tempestad envuelta en piel de seda,
un deseo noctambulo de agrietados labios rotos
que se parece mucho a ti cuando su grito nos everva…

©®Messieral | messieral.com
Ciudad de Guatemala 9 de septiembre de 2,017

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Las Blancas Sedas del Infinito

El desierto en mis labios
y el milagro de tus besos,
lloviéndome tu lengua, mojándome las ganas…

Se estremecen mordidos tus tobillos
por la fuerza estrepitosa del deseo,
en esta noche que envuelve cada pétalo caído
hacia el suelo de caminos que hace el mar.

Un corazón palpitante arde en llamas,
se quema y regocija en el atlas de tu cuerpo,
los puntos cardinales de tu alma me poseen,
de mi andar eres guía, de mis secretos mieles.

Yo soñé contigo hace tantas lunas y hoy eres realidad,
un soneto de luciérnagas azules que me besan al despertar,
el sonido predilecto de mi imaginación, la restauración del placer,
el trocito de cielo que quiero habitar y cometer.

Llévate el frío, sácalo por el balcón,
hay una alfombra que prender en llamas
en una habitación que nos respira a los dos,
una fantasía de seda, vino, carmín y piel.

No queda espacio en tu lienzo que no te bese mi alma,
y me embriaga la esencia de tu ingrávida desnudez,
enviciando mis sentidos, corrompiéndome la sed,
repito una y otra vez el camino de tu boca hacia el edén.

Y me vuelvo a encontrar en tu norte
con el hambre que respira si te ve,
me atrevo a afirmar sobre tus costas
el naufragio de mis manos en tus poros,
la noticia del fulminante impacto estelar
que ha creado un universo nuestro y de alma Parfisal.

Lo debieron descubrir los ancestros del tiempo esa noche,
cuando vino el trueno de su envidia y recelo,
que bajo las blancas sedas del infinito que nos cubre
está la maravilla enigmática del amor que hemos creado,
el big bang de lo nuestro, el eterno brillo del sol en tu pecho,
la noche de la muerte perfecta para renacer en tus besos.

© Copyright – Messieral | Luis Eduardo – Poesía
Versos en tu piel | Ana Isabel – Messieral
16/02/2016