Tu Agorería Delicada

Como si descansara en ámbar,
yo tengo tan presente tu recuerdo,
conservado al más puro estilo del amor;
como si el tiempo hubiese sido el mismo vino
que olvidado en la sala de tus padres
nunca se malgastó, jamás se consumió.

Y te pienso con las horas yendo arrevesadas,
con un poema macrofílico que tanto extraña
abarcar completa toda la excelsitud de tus deliciosas ganas;
y es que un eco me ha devuelto el retrato hablado de tus ojos,
ojalá por un instante se apagara el mundo entero, se callara,
y aparecieras entrando por sus hielos, tú, con tu agorería delicada.

©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 25 de octubre de 2,016

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Patria y Hogar en la Cama que Estés

El breve recuerdo de tu cuerpo
es infinito e incorpóreo lamento
por dejarte marchar con el viento,
mismo viento socavando los cimientos
de un verano que no volverá a vernos,
de un verano del que hicimos vino y versos,
de un vino más añejo de lo que sería nuestro amor,
de unos versos en piel de posible que ya se me olvidó…

Y hoy respiro bajito sentado a la vera del mismo camino,
recordando el calibre que disparaban tus ojitos dormidos,
tus uñas pintadas de rojo aferrándose a cada motivo
que me hizo querer hacer patria y hogar en ese mismo lugar,
en esa misma cama adornada por tu cuerpo bonito…

Porque verte acostada y desnuda a mi lado
era más bello que encontrar un manantial inagotable de oro,
valía más susurrarte despacio, motivos de fuertes palacios,
para dejar descansar a la Diosa que anida, sutil, tu regazo.

Llámame cualquier tarde de enero
si me quieres invitar a escapar,
lo dejaría todo por ti, como ayer
te dejé por ir a buscar todo, sin más,
si acaso no quieres volver
sólo invítame a un último instante
posado en tus hermosos labios pluviales.

Porque verte acostada en la cama de nuevo
podría ser la respuesta final a mis inquietudes,
quizás el horizonte avanzaría constante si vuelves
en una barca de dulces cerezas cansadas
devolviendo el sabor a mi triste boca ordinaria…

Y haré patria y hogar en la cama que estés,
serán para mí, el mejor cuadro de Octavio Ocampo
tus desnudos soles y los mejores versos de Sabines
tus constantes sonrisas bemoles.

Haré patria y hogar, te lo juro,
en la cama en que reposes tu orgullo
y vuelvas a abrazarme con tus piernas, despacio,
dejando indeleble el amor al centro sereno
de nuestro desnudo e imperfecto paisaje impetuoso…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 11/05/2016

De Ciento Cincuenta Nopales y Trescientos Boleros Inmersos en Vino

Escribir un poema que hable de vino
derramado en el centro del mar,
de un cometa con destino directo
hacia ningún lugar y, poco a poco, dejar
que sea ese sorbo que una gaviota robó
el que nos salve de la sobriedad, del tacto
del fuego ancestral de estrellas cansadas.

Yo quiero escribir por el resto de mis días
y en mis noches te quiero devorar,
que sean mis caricias toda la poesía
que no te deje dormir y que te haga levitar
por el mundo tranquilo de un nuevo destino
que nada, ni nadie nos pueda quitar…

Quiero escribir el poema más bello del mundo,
grabarlo con tinta en tu espalda, mi amor,
llorar en tu sexo el agua pura de ciento cincuenta nopales,
que las espinas sean sólo aquel mal recuerdo que ya se olvidó.

Yo quiero escribir poesía en tus pies
para que no olvides tu paso en mi piel,
grabarte un camino de rosas doradas
para que no olvides el bronce de cada palabra.
Quiero beberme el alcohol de tu cuello, en tus hombros hablar de silencios,
y quiero llover en tu sexo el agua pura de ciento cincuenta nopales,
que tus cobijas no sean de escarcha, que sean ajuares
de novia bonita que va de mi brazo, cantanto afinada
trescientos boleros inmersos en vino y en cielo de acordes amantes…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 05/05/2016

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SY LIEF (Parte I)

Componente de un indescifrable mundo, caminaba sostenido por el viento, en su cuerpo no quedaban fuerzas, la vio delicada y tendida en el suelo, esa imagen recurrente le debilitaba, estar cerca de la muerte siempre es y será un gran problema para el trocito de sensibilidad que como humanos, aún, guardamos en nuestro interior…

Él la conoció ocho años atrás en la estación de tren, la más grande de la ciudad, ella era una criatura perfecta y hermosa, en medio de todo el tedio de los horarios y boletos, de vagones y mendigos de estación. Ella se llamaba con S, la señorita S, era más que bella, le resbalaba luz por el rostro, parecía de cristal y porcelana al mismo tiempo, cuando sonreía el mundo entero suspiraba aromas de calma. Su cuerpo era una invitación a la contemplación y a la caricia. Él era el joven Y, de suerte trastabillante, de opaco calzado y alma indecisa, modesto y simpático, con la condición de sus prisas.

Se acercó decidido, toda la decisión que antes no tuvo, ahora, le recorría las venas adentrada en su sangre, la miró de frente y aunque nunca antes le había visto, supo que era ella, se precipitó de sobremanera y le prometió que no le haría perder su tiempo, que tenía algo muy importante que decirle, si ella aceptaba acompañarlo a la merienda.

Vino y otras exquisiteces no faltaron en su mesa, la miraba fijamente y luego, le dijo que aunque no le conocía de ningún sitio anterior, al menos no que recordara, quería estar junto a ella hasta el ultimo instante de respiración que su cuerpo le permitiera, que verla ese día, en ese instante, significaba para él empezar a vivir otra vez, le explicó que sin ella, por alguna razón, sabía que no tenía esperanza de ser feliz, prometió que no sería tan insoportable como de costumbre y que cuando lo fuera se disculparía trayéndole una rosa celeste bañada con gotas de manantial.

Ella estaba sola por la vida, con toda esa belleza que ya le pesaba, era tan inteligente que sabía no confiar en los incorrectos, en realidad sabía no confiar en nadie, pero algo indescriptible del joven Y le atrapó como si de un encantamiento sumamente aprehensivo se tratara. No pudo negarse y asintió sin sonreír. Su mente se quedó en blanco y sus ojos estaban fijos en el vaho que la voz del joven Y desprendía de manera tan poco natural.

La tomó de la mano y la guió con mesura al vagón número tres, el tren esperaba próximo a partir, ella se sintió sumamente sorprendida, pensó que él residía en aquella ciudad, al cuestionarlo con dulzura él respondió: Soy extranjero, siempre extranjero, excepto de dos lugares al primero nos dirigimos, el segundo será tu cuerpo.

Durante el viaje ocurrió un incidente, uno de los mozos del tren sintióse mareado perdió el equilibrio y cayó al lado del joven Y, antes de que alguien pudiera comprender lo que ocurría, los puñetazos le desarreglaron aún más el gesto, el joven Y se abalanzó sobre él y comenzó a golpearlo de forma tan intensa, de manera tan salvaje y sorprendente, sus manos no tocaban el cuerpo de su víctima pero aún así cada golpe era sumamente fuerte y calcinante. La señorita S alzó la voz, le imploró que se detuviera, que dejara de golpear y dejó el joven Y de golpear al mozo. Volvió a su asiento sin mencionar palabra alguna, ella no quiso preguntar nada al respecto, sin embargo a todas luces podía comprender que algo no andaba muy bien dentro del corazón del joven Y. Nadie en el vagón se atrevió a mirar ni de reojo al joven mientras bajaba del tren…

Fue por la noche que llegaron a una ciudad casi deshabitada, muy pocas personas podían verse caminando en las calles del lugar, él caminaba con paso firme y sin detenerse, le explicó que a veces se sentía muy incómodo con algunos seres, que aquel mozo no moriría, que se recuperaría y aprendería a no ser tan inepto en lo que hacía. Le contó que una zona lúgubre en su interior a veces le dominaba y que necesitaba de la luz que conoció en ella, desde el primer instante en que la vio, para entender la esencia de esa oscuridad sin quebrarse por completo…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 17/03/2016

Gracias por sus ojos y por pasar a leer.
Próximamente la Segunda Parte de Sy Lief.
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Cuando Todo Estaba Permitido

Cuando todo estaba permitido y ella me cuidaba,
no importaban los excesos, ni la hora, confiaba,
detestaba mis andanzas sin sentido, pero decía con calma,
trocito de mi vida, yo te cuidaría hasta descerebrada.

Me invitaba a su música y a sus lecturas,
yo aceptaba muy de mala gana, de mala rama,
consentía mis caprichos, me dio tanto por casi nada,
hoy recuerdo, que en mis frustraciones susurraba más bajito
para que el demonio en mi cabeza no escuchara.

Me decía, tú de todos eres el mejor, el imposible, el divino,
yo te quiero así como eres, invítame a tu ruido,
imperfecto y despeinado, así te amo, así me muero
si me falta un sólo día tu rabieta sin sentido de las cuatro.

Me invitaba a beber vino en mis cumpleaños,
cocinaba un pastel de gelatina, con encanto,
de ese mismo que en sus manos fue la pieza
fundamental para calmar la tormenta innecesaria.

Se vestía tan hermosa para mí, yo celaba que otros la vieran,
entiendes, yo celaba y ella lo hacía siempre para mí,
me cuesta admitir que me he equivocado al dejarla tan sola,
al decirle esa última vez, que no conocía a una que estuviera más loca.

Cuando todo estaba permitido y de sexo eran cinco dosis al día,
cuando rebelde sentía que el mundo en mi palma cabía,
jamás me di cuenta que era ella quien allí lo ponía
para ver a su amado feliz y tranquilo un nuevo día…

Cuando todo estaba permitido y el dinero no era problema,
cuando aquel veintiuno de diciembre, cazando casamos nuestras almas,
no hizo falta ni anillo, ni contrato, ni nadie, nada hubo fingido,
fue la luna llena y ese beso mi gratitud para con tan sublime mujer,
y aunque hoy no queda rastro de lo que fuimos, siempre le voy a agradecer…

Porque no me olvido de sus enseñanzas, no me olvido nunca de ello,
que el amor es amor y el sexo es sexo, pero podíamos con todo eso,
buenas noches de lunas y un beso eterno deseo en tu porvenir de cometa,
todo aquello bueno que me diste, te juro, te lo devolverá la vida por ser tan buena…

Cuando todo estaba permitido y nadie se metía conmigo,
cuando conocí a tanta gente que ahora se ha ido, no hubo quejas,
ni dramas idiotas de novia indignada, sólo un beso perfecto
y palabras más dulces que esas gotas de sangre unidas en un pacto
que rompimos pero no olvidamos, que rompimos pero recordamos.

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 15/03/2016

Al pan, pan y albino vino

De tus rosas las espinas,
de tus piernas mis huellas
y sudor de luna acicalada,
llueven rojas estrellas
sobre la cama de yerba
que esta noche nos espera.

Ya no hay dragones hambrientos
con ganas de devorar tu pensamiento,
ya no hay hiedras adheridas a mi cuerpo,
se revuelcan en las aguas teñidas de cielo.

Doncella africana de beso albino,
altivo pan de reserva vinagrada,
sabor artístico de labios noches,
vino silente de pócima de clavel.

Sutura de candelabro al corazón,
mago constante galopando azul,
herida de vida susurrando labios,
una fuga constante de sueños erizos
y tu tertulia Sauvignon de diablo roto.

Doncella africana de beso albino,
pan consumido del sendero de avellana,
arte en la sangre y vino en la mirada,
pócima secreta de clavel, arte y magia.

© Copyright – Messieral | Luis Eduardo – Poesía
Ciudad de Guatemala 27/02/2016

Muchas gracias por sus ojos,
también les invito a leer estos poemas:
Del Alma y La Piel…
Ser de ti…
Enigma y Tristeza
La Cima Más Alta

Fuego Primordial

Es sobrenatural, el efecto de tu abrazo en mi cuerpo,
estrellas fugaces candentes bajo nuestros pies, me dejo el miedo,
no existe más miedo, mis latidos perjuran que eres mi destino,
un porvenir de amaneceres tangibles en tus manos
y majestuosidades en tus ojos claros…

Ya no escucho las voces de precaución, no pongo más cuidados
y me voy perdiendo en las constelaciones de tus besos mansos,
ya no veo el alto al cruzar las calles o avenidas de tus promesas,
me entrego decantado por la belleza de tu voz a tus órbitas astrales.

Es sobrenatural el beso de tus labios enredando mis eriales,
haces prósperos incluso mis defectos y se van diluyendo en amarres.

Lo que siento por ti es como un jaguar venerado
por la misma luz del universo, un tesoro escarlata,
la sana pleitesía consciente a la libre inmortalidad,
seda lloviendo sobre el cuerpo desnudo del fuego primordial…

Es sobrenatural, el rocío imitando una gota de cristal,
el conflicto inmaterial de dudar de quién se ama más,
la cantidad suficiente de vino, si es que la hay…

© Copyright – Messieral | Luis Eduardo – Poesía
San Miguel, El Salvador 19/11/2015

Muchas gracias por sus ojos,
también les invito a leer estos otros poemas:
Un Mismo Sonido
Juntos Navegar
Hacerte el Amor