El Vals de las Manzanas Envenenadas

Este vals de besos pequeñitos
y el sonido del suspiro que evocas,
como un astro sumergido en la belleza
de seis lunas iracundas y una estrella a cuenta gotas.

Que se excita de amor la inocencia de Eva,
como un río en su cauce acariciando a su presa,
ahora nos deja observar lo amargo de su pena,
porque están pagando todas sus hijas la condena
a una silueta que exige mansedumbre y les atormenta.

Que no es un souvenir de palma y planta boreal
la razón del irrespeto anidado en la boca del sauce,
es un estambre azotado a mansalva con fuerza
y nos exigen que cerremos la boca, para que sea más fácil,
digerir la saliva injusta de la derrota en su práxis.

Yo te abrazo y bailo contigo en la piel de tu duela,
me abres los ojos y me besas con tu aliento a ciruelas,
me llueves con noches de brisa tranquila y paciencia
aunque nos lleve a contracorriente salvaguardar tu cadencia.

Este vals y revolución de manzanas envenenadas,
este aguantar tanta noche triste y recelo,
al incordiar al sistema de cascabeladas,
para que no funcione su señuelo, para que sepas que nadie es tu dueño…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 21/04/2016

“Un, dos, tres… Que las sociedades misóginas deben caer. Un, dos, tres… Que se jodan con sus prejuicios porque no nos vamos a detener.”

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