Cuando las luces vuelvan a iluminar mi rostro
y el fuego se encienda para arder dentro de mí,
sujétate de mi mano y, dispuesta a todo,
no te asustes ni sientas temor de ningún principio o fin.
Porque esto antes lo viví
y en el centro del fuego
el extasis nuevamente estallará para mí.
Porque estoy antes la viví
pero esta vez tan sólo juego
si tú permaneces junto a mí.
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Ciudad de Guatemala 18 de marzo de 2,019






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