Tus palabras atraviesan el silencio, como fabricadas por su mismo material, y se estrellan en el mismo trazo ingenuo de tu costumbre de hablar por hablar…

Te quiero con toda el alma pero lo que me pasa no lo podrías controlar, quizás no sea de tu incumbencia o quizás es que no lo sabrías soportar.

La casa en silencio, en silencio el zaguán; todo ya está hecho y nada va a funcionar.

Nueva Guatemala de la Asunción 4 de noviembre de 2,020
MESSIERAL



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