No tenía las horas contadas
pero me besaba con todo deseo,
perdida entre la pasivo agresiva
necesidad de cada uno de aquellos besos.

Se reía, tan emocionada,
cuando aquel acto placentero
intensamente culminaba
en la planicie de su sexo.

No tenía las horas contadas
pero se entregaba con todo deseo,
perdida entre la más desinhibida
fragancia de su lienzo.

Temblaba, tan descontrolada,
cuando aquel acto placentero
intensamente culminaba
con el desvanecimiento de sus miedos.

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Ciudad de Guatemala 28 de enero de 2,019

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