Siempre te encontrabas
en tu hora mágica,
tan esperanzada
de que las cosas mejoraran;
ha pasado el tiempo y nuestras almas,
que ahora errantes viven separadas,
a penas viven del recuerdo de la cama
en la que compartimos mar y plata
con cada nueva acrobacia
descubierta sin temor a erratas…
El milagro de las once y once
no apareció y no aparece;
a lo mejor ahora consiste
en sobrevivir sin temor ni desquite
después de rozar el cielo que perdiste
y que perdí en el justo momento que gané:
al desvestirte…
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Ciudad de Guatemala 15 de abril de 2,019






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