Inmarcesible

Inmarcesible es la tierra de tu canto,
que cogí con mi mano de la caverna
en la que todas las cosas que me olvido
se despiden de mí como sus sombras.

Todas las cosas bellas son parte de tus ojos
y las eternas siempre resultan a ti cercanas,
menos la vida que se termina en el ocaso
en que mi corazón se ausenta sin esperanza.

Y no hay mucho más por perseguir de todo esto,
recolectaré tus lágrimas y besos encinta
para construir el paraíso que nos prometieron;
para cultivar el fruto de tu anarquía…

©®Messieral | messieral.com
Ciudad de Guatemala 16 de julio de 2,018

Anuncios

Inmarcesible

Inmarcesible es la tierra de tu canto,
que cogí con mi mano de la caverna
en la que todas las cosas que me olvido
se despiden de mí como sus sombras.

Todas las cosas bellas son parte de tus ojos
y las eternas siempre resultan a ti cercanas,
menos la vida que se termina en el ocaso
en que mi corazón se ausenta sin esperanza.

Y no hay mucho más por perseguir de todo esto,
recolectaré tus lágrimas y besos encinta
para construir el paraíso que nos prometieron;
para cultivar el fruto de tu anarquía…

©®Messieral | messieral.com
Ciudad de Guatemala 16 de julio de 2,018

Beata y el Vaho Infernal

Beata veía la lluvia sangrar por la ventana,
se alzaba el espíritu con un té de mudanza,
tenía en el seno derecho el recuerdo de un beso
y en la planta de sus pies un camino secreto.

Beata lloraba en las tardes de junio,
lloraba tan fuerte que en su llanto gritaba,
le golpeaban el corazón como a una campana
de acero tan firme y tan vulnerable a galope en resonancia.

Tenía entre su cabello un cadáver dormido,
heridas a ella le nacían de un cuento prohibido,
la insatisfacción de vivir hizo lunas sin cielo
y muertas esferas el cóctel de su truco marchito.

La bestia le susurraba al oído terrores de miel,
un fauno comía por suerte en su misma sartén,
hace años que no escondía su aliento de tierra
ya no le temía a ese iracundo rumor de posguerra.

Beata le hizo el amor a la sucia apariencia
de un soldado marroquí tan anglosajón,
pero pidió un momento de libertad, se marchó,
inmarcesible su fuerza voraz y ocho nidos
de injusto vacío le hicieron volver al hogar.

Beata caía tan rápido a la vista del precipicio,
llevaba un rosario en la mano y el pecho encendido,
sabía que al final del abismo nacen alas y oblicuos,
que no se gime la ausencia sin anochecer cosidos
al vaho infernal que nos grita: Dejadme Tranquilo.

Llora solitaria un alma en pena,
aguarda, resguarda venas de comarca,
no mires abajo, no mires, no pierdas palabras,
no busques, no asomes, no urges bajo tu cama…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 19/05/2016