Mi Eterno Amor de los Martes y de los Jueves

Por un beso de tu boca
rompería la metafísica,
y transitoria, vanidad
que tiene la vida
para dividir nuestra ciudad.

Por volver a tus pechos
y a las tardes a solas
te traería los helechos,
de aquel lago;
como ofrendas
a tu sin par belleza
que desde entonces
me tiene perdido por las noches,
cuando la luna no se acuesta a dormir
y a su lado yo me quedo a pensar en ti.

Es que van tan lentos los cuerpos
de las almas de aquellos que quieren volar
y va tan lento el recuerdo
que jamás voy a soltar.

Blanca duna de presagio inmaterial,
dormilona estampa sin besos al despertar;
noche hermosa en la entrega de tus mares
encerrados en aquella habitación bajo la tempestad;
mi eterno amor de los martes, y de los jueves,
sin poder tomar tu mano cada vez que te vuelvo a recordar…

Mi amor eterno de los martes y de los jueves,
nunca te logré olvidar…

©®MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 13 de marzo de 2,017

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Para un Martes de Diciembre

Para un martes de diciembre
una cena a la luz de tu mirada,
que es prudente y mesa reservada
para el amor que, otra vez, nos crece…

¿Dónde estuve caminando yo sin ti?,
cada calle me gritaba con su rabia «Infeliz»,
nada pudo estar hermoso, si tú no estabas aquí,
y lo sé porque en tu ausencia, a mí mismo, me perdí.

Pero el tiempo te devuelve a ese lugar,
al centro de tus sentimientos, al hogar,
cuando estás tan perdido que no sabes
si ese que habla eres tú o es una trampa.

Y en realidad no estuve vivo en tu ausencia,
cada martes se detuvo, como aquel tiempo, en mi garganta;
mi cuerpo se movía por inercia en soledad,
sólo pertenezco a tus labios que me saben curar…

Así que acércate más, dime la verdad,
dime si la canción que ahora te sabes
la aprendiste para hacerme despertar…

©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 6 de diciembre de 2,016

Gramos de Nostalgia para un Martes

Aquella tarde elegimos respirar,
ya sin la culpa de haber perdido,
ya sin el afán de recuperar,
ya sin tus párpados y mis enjambres,
sin el primer hostal, sin la fe de erratas…

Aquella tarde, también era martes
y bajo la sombra de aquel verde cielo, te besé,
ya sin el afán de tenerte sólo mía,
ya sin la promesa de ser tuyo para siempre,
ya sin la fotografía del viaje aquel septiembre,
ya sin los bajos instintos de ocasión.

Te vi tan hermosa, como la primera vez, blusa roja,
te vi tan clara, tan buena, tan princesa peripecia,
en el fondo eras la niña a la que amé, pero ahora tan mujer,
decidida y muy tranquila, una mejor sonrisa,
y un esbozo, casi estoy seguro, de algo que olvidé.

Te vi tan distinta, quise preguntar por la razón,
más me callé, volví a tomar tu mano con dulzura,
elogié lo interesante que ahora eras, que siempre fuiste,
no pudiste contener aquel suspiro, recordamos al unísono
aquella canción que sonaba, en Do menor, cercana al precipicio.

Aquella tarde a la intemperie, picnic de invisibles lágrimas,
los besos que faltaba darnos, los suspiros que siempre callamos,
y unos gramos de nostalgia para un martes, infinito, que acababa…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 29/03/2016

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