Desde el Exilio de mi Posguerra


Desde el exilio de mi posguerra, luego de unos días caóticos en pausa, contemplo los árboles como importante misión de mi existencia; no sólo los árboles mecidos por las corrientes de viento gélido, sino también los que comienzan a entrelazar sus primeras ramas en este paraíso que abastece toda pretensión futura y presente de mi consciencia.

Estar, amar, sentir, entrar; y abrir los brazos a la espera de la siguiente oleada de sucesos a favor de mi inalterable voluntad. Degustar lo que escriben los demás para entender lo que ignoro, para recuperar las horas perdidas atendiendo a formar una coraza de arte efímero con la que mostrarme de frente a la humanidad, refugiado en mi escondite, solitario, taciturno, casi seguro de lo que creía fundar…

Todo vino a mí, todo ha comenzado y es mi turno de encontrar mi regreso a la palestra poética y musical que desde niño supe reconocer como mi más preciso sitio.

Desempolvar canciones y textos que me hicieron tan feliz, recuperar antiguos amores con una mirada igual de elegante pero mucho más sutil. No todo está escrito sobre lo que aún no se ha escrito, por eso estamos aquí, por eso aún respiro.

Desde la calma aparente del final de la guerra y el principio del film, retraso los relojes de arena del dios minúsculo de la tierra del pinol que se rinde a San José, padre responsable e infértil del rey del universo extraterrestre.

Escribiré, conversaré y cantaré para quien quiera escucharme, desde hoy hasta el final, que será el principio, el retorno circular.

— Messieral.
22 de noviembre de 2,023.

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