A los cinco años un cadáver me explicó los peligros de la soledad y una pesadilla con brujas el don y maldición que trae consigo la premonición.
Es un fin extraño este que persigo, nunca quise sentirme tan deshabitado, a lo largo del tiempo creí conseguirlo, subterfugios y guaridas me hicieron el bien… No tuve tanto miedo después, de pequeño supe que estar en donde esté es sólo cuestión de tiempo, todo pasa y nada exactamente igual vuelve a suceder.
Cuando te conocí estaba lleno de rabia, huía del silencio, no tenía claras ni siquiera mis propias intenciones y después del flirteo, de la intensidad en el sexo invisible, me dejé amar por ti y te amé.
Si acaso una tarde te pasa como me pasa esta tarde a mí, si te muerdes el labio y sientes que me extrañas, que mi voz se te filtra entre las hendiduras de quien fuiste una vez. Si acaso una noche te pasa como me pasa algunas noches a mí, si te acaricias las manos y sientes mis ganas o que mi amor se te filtra entre las comisuras de nuestro desdén… Quizás merecería la pena partirle las piernas a este universo que nos separa, este que guarda silencio ante lo importante y que se resigna por miedos ajenos a su voluntad.
Si puede llamarse final a nuestras últimas conversaciones así les llamaré, sin embargo, todo parecía un principio, nuestras pieles aún gritaban implorando ese último encuentro que conseguimos crear. ¿Cuándo será la siguiente vez?, habremos cambiado para entonces seguramente, no seremos más las preguntas que nos solíamos hacer.
Por ahora sólo quiero estar en paz, caer dentro mío y olvidar que dejé escapar la oportunidad de acostumbrarme a un ritmo más lento, al equilibro y la estabilidad. Quizás no es tarde para cambiar pero sí para necesitarlo. El verde que me rodea me acompaña, lo que odio es la expectativa tan alta que suelo tener sobre lo ordinario que no quiero más; y todo aquello que no puedo controlar.
Pero hay algo que sí vuelve a suceder, aunque con distinta intensidad, hay algo que sí vuelve a repetirse casi igual. La tragedia no estuvo jamás en mis manos, desde mis cinco años, de una u otra manera, siempre me supo alcanzar…
Me hicieron creer que cualquier compañía estaría bien pero no es verdad, este aburrimiento se antoja mortal.
— Messieral.
11 de febrero de 2,024.



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