Siempre a tu Favor

Ahora tu rostro está limpio
de las lágrimas que ayer le golpeaban,
has vuelto sentir esa fuerza motriz
que te ayuda a discernir al centro del sismo la calma.

Tu alma arde en fuego y ya no está apagada,
se va encendiendo un volcán en tu interior
y estoy seguro: ¡Esta vez nada te para!

Ahora lo puedes sentir
eres más fuerte que el miedo,
respiras con fuerza y gran claridad,
sientes que el cielo es tu escenario
y vas a mostrarles de qué está hecho tu corazón,
que hay más fuerza reservada en tus latidos,
que hoy el viento a refrescado tu atención
y no hay más dudas pero hay motivos.

Ahora lo puedes sentir
eres más fuerte que eso
y el viento aún en contra
siempre estuvo a tu favor.

Tu alma arde en fuego y ya no está apagada,
se va encendiendo un volcán en tu interior
y estoy seguro: ¡Esta vez nada te para!

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 08/05/2016

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El Secreto de las Almendras y el Ébano

Una millonésima de segundo
y dos caminos se entrelazaron,
una mirada, un sonido, un minueto,
la taza de café en la mano ya humeando.

Borró la vida el empeño de la distancia,
a veces los corazones se abrazan con más fuerza
que todas las ganas sosegadas…

Y vino una estrella recién nacida
a hablarles de las bondades del alma,
del cielo infinito de posibilidades
que el amor abre a los corazones
que aman con el cuidado de antes,
haciéndolo perdurar ahora y más tarde,
con nieve escarlata y el sol del andén
que nunca y jamás querrá apagarse…

Una millonésima de segundo, se cruzan dos miradas,
si no es amor a primera vista, supongo, que es otra cosa,
una millonésima parte del corazón aún no convencida
se pone curiosa al ver que se acerca el alma gemela
y las aves de purpúreas alas adornan el cuento,
no miento, lo he visto y ahora yo sé que lo siento…

Borró la vida los imposibles con un beso,
con secretos de las almedras y del mismísimo ébano…

Y vino un silencio impecable a rozarles la cara,
un frío hermoso a rodearles el corazón y sus ramas,
me puede decir que ese frío es pura pasión, no puedo callarlo,
pero sí tú te acercas a mí, te juro, no me hace falta un milagro…

Te resumo una historia en tus labios de antorcha,
me arodillo ante tú respiración si ella no me abandona,
te regalo mi mejor amuleto si aprendes a guardar secretos
y le gritas al cielo con toda la boca al comernos el cuerpo,
que eliges mis rumbos para la eternidad de tus mejores recuerdos.

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 03/05/2016

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Con una Historia que Nunca Acabó…

Baila despacio, en círculos sobre mi pecho,
descubre el augurio latente de amor que envolví,
sueña con una historia que nunca acabó,
que siempre empezaba en abril a reír.

Lléname de besos como hace algunos años,
siéntate en el pasto y déjame reconocerte,
no tengas miedo de las tardes, que quiero amarte,
vuelve con cada verano intenso de armonías,
hermosas como aquella uñita de gato que tanto querías.

No me olvides del todo, cuando llega el cumpleaños
de aquel cielo que hicimos tan nuestro, me vuelvo a preguntar
por qué terminamos, si ahora mismo no veo
una razón suficiente para no amarte como antes del vaho.

Vuelve a llover en agosto para mí,
enséñame el diciembre en que me hiciste tan feliz,
escucha al oído el susurro perfecto de mi voz,
vuelve a sonreír con esa hermosura divina y turrón
porque estas tardes de ahora son muy insoportables sin vos.

Dame el collar de reservas, muestra el exacto yin yang, entrevuela,
gústame al momento del primero de los besos, que el segundo sabía mejor,
lluéveme otra vez en agosto, cautívame siempre en abril,
guárdate restos de enero por si un diciembre me empiezo a morir…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 30/04/2016

Casos de Lunas Menguantes

Un camino de estrellas
rumbo a la playa que recuerdas,
silente canción que arde en las venas,
juegos a desnudez por conciencia…

Me observa la noche y sus cometas,
no quiero sentir lo que intentas
pero no puedo olvidar esos besos
en la cama de papel que no olvidas,
en la que cuerpos y versos fueron uno mismo.

No quise voltear, al verte pasar,
en ese café frente a la universidad,
quise esconder esta sonrisa de aún te recuerdo,
no hay pasado más presente que tu cuerpo en mi memoria,
un beso talvés, aquellas tardes encerrados en la gloria.

Llévame lejos de aquí, que mi vida muerde,
trátame con tacto de amapola, siente, siente,
no te calles las caricias que dejamos pendientes,
no me importa nada más si tú vuelves…

Casos de lunas menguantes, bahías de cielo,
colchón de sinceras orquídeas de viento,
me llueve la vida si otra vez te dejo pasar,
eres cada instante y cada segundo que quiero volver vivir,
eres esa silueta perfecta que mancha de divinura el mar…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 27/04/2016

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Asilo Abrileño in Red

El clima era perfecto, lo sé explicar muy bien,
es como si volviera a ese sol abrileño, a ese cielo,
a ese trabajo de grupo, a esa universidad,
la banca de piedra y el Ché vigilando el abrazo,
que abrazo, tan cielo esperanza, que no tenía idea
de los desastres venideros, del repentino total a esporeo…

No quiero hablar del presente, de algún modo sé
que las cosas van a mejorar, para ti, para mí, ambos,
para el milagro taurino que nos hace levitar,
para el camino distanciado de los dos.

Quiero recordar a ese par de adolescentes,
a esos ojos repletos de ilusiones,
tu blusa roja, mi verde muerte,
la sonrisa silenciosa, la complicidad
de lo que se pide sin necesidad,
porque ya se tiene, y así va.

El abrazo más largo, en belleza, de la gloria
y pedir permiso, donde había que pedir historia,
un primer beso antes de que te marches, que otro más,
un sentimiento verdadero y mi playa si era Girón.

Un revolucionario y una niña bien, muy bien,
la historia del sombrero negro,
la visita al museo de los trenes,
el aguacero en la ropa de aquel agosto y la feria,
el desastre futuro,
la culpa de nadie, más mía quizás,
que culminan los ciclos y no hay más que aportar.

Hace ocho años quizás todo era mejor,
hace ocho vidas quizás no te invité a mi desastre,
quizás fue un mal necesario aquel amor,
quizás un bien permanente que perdió su color,
mi gratitud y el fiasco de mi última actitud,
mil mareas que ya no nos esperarán,
un alud de abriles retirados, esperando en un asilo
a que venga un recuerdo malogrado para poder decir:
Estamos aquí, aunque ya no bailemos
Lady in Red para siempre,
aunque sea imposible de pagar
la factura que dejó la mala costumbre de culpar.

El significado hermoso del sexo, las horas y horas de más,
el echar por la borda los sueños, el desenfado y costureo,
el cambio de planes, mutar la vida cansada a milagro,
el dolor y el llanto, el sexo en su estado de consolación,
mil recuerdos hermosos apocados a conciencia
para no extrañarnos tanto,
borrar las fotos, que no todas,
decirte adiós y para siempre,
cambiar de sitio, compartir milagro de sonrisa y llanto,
de primer día de clases y último día de amor…

Luis Eduardo (Messieral)
CIudad de Guatemala 23/04/2016


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Que Bajito nos Hablaba Antigua Guatemala

Que bajito nos hablaba Antigua Guatemala,
que bajito el volumen de nuestros pasos
y los cascos de los corceles por delante de la carroza,
recuerdos que llegaron, allí, sin planearlo…

Recuerdas el frío y nuestro abrazo, tu celeste y mi azul,
nubes en la cresta sagrada de empedradas calles,
que tras la lluvia sostuve tu mano y la besé con ternura,
que no estimaste las consecuencias, venideras, del beso
escondido tras las ruinas de aquel junio y su cielo…

Pero un día posarás tu orquídea entre mis manos,
alguna tarde de invierno en la ermita,
me verás con los ojos de incendio clandestino
y haré de tus silencios mi boca,
la roca inconcebible que sostenga tus dados
sobre el tablero manso de la justa recompensa
y te abrazaré como sólo puede abrazarse en Antigua,
una sola vez, a medida…

Cerraré los puños de frente al agua terrenal,
le veré con los ojos venerantes y devotos,
te compararé con su belleza infinita siendo atrevido
y me colmarás con todas esas colmenas que a tus pies
ha sembrado la vida, y el tiempo y la herida,
de pan dulce y coloniales aristas.

Y haré de tus besos mi templo,
el inicio impetuoso de posibles futuros,
viajeros en el tiempo del convenio predilecto,
sobre el tejido a colores de nuestras condenas
y te abrazaré tan fuerte, tan romántico y barroco,
te abrazaré tan cierto y tan esperanza, en la plaza
como sólo puede abrazarse en Antigua,
sin miedo y con la confianza de que existe el paraíso,
que nos sobra demasiado el ser perfectos y el ateísmo.

Te abrazaré al tiento en aquel pasaje de Antigua,
ahora que nos sueña tan bajito, para no despertarla…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 20/04/2016

Cielo Febrero

Aún no me lo puedo creer,
todavía sonrío con el alma quieta,
estuviste en mi casa tras tantos años,
con esos ojitos, tuyos, de cielo febrero
y la palabra tan bien alzada entre tus labios.

Me quedé frío al abrir la puerta,
tu sonrisa se invitó a entrar,
pusiste un beso bueno en mi boca
y aún no se apaga en mí el asombro,
así que prometí, que haría un poema
para nunca olvidarme de aquel beso…

Ni de que estuviste aquí…

Con otro acento, uno más frío
pero los mismos gestos lindos,
con otra ropa, más apta para olvidos
llegaste hasta mi encuentro.

No quise ofrecerte flores,
aunque me guste tanto redundar,
quise más besos, quise una vida,
nunca pense en descansar,
me llamaste por mi nombre,
aunque me confesaste que siempre
estuviste loca por aquel pequeño mote.

Sanaste las dudas de mi intemperie,
le diste el descanso a mi alma rota,
yo no quise contarte del desastre
que frabriqué tan cercano a tu ausencia,
me sumergí en tu tacto tan completo
y en los tallos de tus abrazos ciertos…

Porque estuviste aquí…

Por un momento no hubo mundo
más que el recuerdo de aquellos días nuestros,
no hubo más tornillos que los que
nuestras risas dejaron sueltos,
me quedo el vaho de tu aliento en mi ventana
y aquella nueva posición extraña,
sin cambiar el ritmo de nuestra actualidad,
es posible que no pase mucho tiempo hasta que por fin,
con todo amor e intensidad, elijamos quedarnos juntos.

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 19/04/2016

La Playa en tus Palmas

Volver despacio sobre nuestros pasos
para recordar aquel beso que nos hizo sentir,
llegar a aquella banca de piedra, siempre nuestra,
reírnos otra vez de las mismas cosas de antes, ¿Aceptas?,
el abrazo y tu perfume, el regalo y sentimientos de valores nominales,
porque no hace falta que preguntes, acepto el abrazo de tus absolutas tardes.

Te tomo de la mano, camina conmigo hacia atrás, retrocede
y vamos directos a la habitación de mi casa anterior,
en la que te desnudaba con paciencia y con amor,
volver a ver a la calle ancha de las cuatro de la tarde
cuando tenías que partir y todo era un desastre.

Recordar nuestra primera vez y como te tranquilicé,
lo que bien empieza bien acaba, ¿Y cómo fue que empezamos?,
por qué a pesar de todo hoy  ya no duele, ya no asusta, ya no viene…

Y hay que esperar el metro sin que te pongas de puntillas
para alcanzar mis besos, para abrazarte a mí con todo el cielo,
viajar en autobús es algo que ya no he hecho, ni quiero,
no sea que algún día me encuentre a tu recuerdo pasajero.

¿Volveré a encontrar a alguien como tú o tendré que resignarme por las malas?

Te confieso que al volver sobre los besos y nuestro tiempo
me distingo en un presente roto y sin sabor, agrio y corrosivo,
desde que te fuiste y me marché nada parece tener sentido,
aún así, ya no duele, ya no asusta, ni se mueve…

Es una comedia de conjugación equivocada,
ahora nos reímos de aquellos buenos tiempos
aunque ya no quede nada, o quizás menos que nada.

Y recordar aquel agosto y medio, la lluvia
y las gotas en tu cara, a lo mismo me sabe la vida
cuando recuerdo la playa entre tus palmas…

Hay que retomar ya el camino, la marcha,
caminos distintos de frente a la explanada,
no habrán más besos en la piel  de los cantares,
ni cumpleaños en los cines matinales,
sólo un cumplido secreto en nuestras columnas vertebrales…

© Copyright – Messieral | Luis Eduardo – Poesía
Ciudad de Guatemala 07/04/2016

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-Te Quiero Con El Cielo-

Me enseñó a no rendirme nunca, tenía colores de estrella en sus ojos de luna, siempre tuvo el abrazo correcto, el beso indicado, el coraje de enredo. Una dosis particular de motivos y todos los sentidos dispuestos a mí. Ella como nadie me hizo sentir único entre todos, entre tantos. Fui su primer, su primer eso.

Nos conocimos una mañana de enero, en ese castillo tan lleno de frío, su tímida mirada de niña indecisa me invitó a acercarme, después de besar su mejilla escribimos una fantasía en el cielo, le dejamos un mensaje a Dios para que de antemano cuidara cada paso venidero, para no enamorarnos tanto. Eramos conscientes de que un día vendría el final, si amarraba su mano a la mía, iban a tener que cortárnoslas desde el brazo, aún recuerdo sus labios temblando en aquel beso que pudo ser, hoy no sé si debió, si me equivoqué al canjear por un abrazo ese beso hermoso que se juraron nuestros labios, en el garaje vacío de su casa inclinada.

Le abrazaba por la cintura, ella recostaba su rostro en mi pecho, no hablamos de amor porque nos pareció innecesario, nos prometimos que no llegaríamos a sentirlo para no salir lastimados y creo que resultó, porque aquel amor inventado, el que siempre quisimos ficticio, es el más oportuno y sincero que puedo recordar, aún siento su suspiro de nena en mi cuello callado y sus promesas de siempre quererme en mi fino pasado…

Pudimos hacer el amor sin problemas esa noche de octubre, ya el ciclo tedioso había acabado, pero fue más bonito el desvelo contemplando la luna, buscando a las estrellas en su territorio nocturno de mares silentes. Me dijo esa noche que iría de viaje pero que me llevaría con ella y en cada lugar que ella estuvo, retrató desde el mejor ángulo posible, la necesidad de mi cercanía que tuvo. Volvió y reencontrarnos fue hermoso, fue eterno. No quisimos soltar ese abrazo hasta que dolieron los hombros y las palabras se agotaron de aprontarse, una tras la otra, como si no hubiésemos podido decirnos -Te quiero con el Cielo- las veces suficientes por las tardes de aquel año, que ella hizo para mí, perfecto.

Hoy la recuerdo, deseo que sea la más feliz, aunque sé que no lo es y recuerdo su color favorito, el nombre que puso al peluche que le regalé, hoy recuerdo su voz al llamarme mi amor, mi cielo, mi hombre imposible. Será una coincidencia que inventada ficticia hoy la recuerde como la más verdadera, será coincidencia un trece de junio, será coincidencia esta sonrisa combinada en tonos de amarillo y azul… Será coincidencia que al vernos de nuevo un abrazo cómplice nos haga recordar en silencio.

© Copyright – Messieral | Luis Eduardo – Historias en Ascuas
Ciudad de Guatemala 08/03/2016

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Fruto Único
Gelassenheit
That beach which made us love us more…