De la Razón y la Culpa

Abandona la magia aquellos paraísos
en los que hiciste cobijas con tus sonidos,
se escapa y no la detiene un cuerpo humano,
ni un suspiro, ni la evidente falta de consuelo.

Corre tan ágil como corre la violencia
por las armas intensas de mi ciudad,
como corre la albura de mi indolencia
por los labios abiertos de tu necesidad;
y nadie quiere tener la culpa de lo que la tiene,
un beso es perfecto cuando está lleno de información,
no es una cuestión de casualidad, tampoco de suerte;
un beso es perfecto cuando está vacío de desilusión
porque nadie quiere tener la razón de lo que la tiene…

®©Messieral | messieral.com
Ciudad de Guatemala 10 de junio de 2,017

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La Ciudad de las Lunas Escarchadas (Melancolía)

La ciudad de las lunas escarchadas
tiene sed de la tristeza del mar,
como el aliento vanidoso de la postal
que desde aquí envié a tu andar.

Llueve y el gélido brote de hierba
se hace escuchar tan fuertemente
como un piano que ha perdido la prueba,
de no llenar las memorias de los oyentes
con sus notas encantadas sabor a ciudad.

Y desde aquí alzo el vuelo cada tarde,
mis rojizas alas satisfacen al viento,
como tu recuerdo a mi presente;
desde aquí sin tocarte, sin sentirlo,
ni un mínimo roce de desaliento
está prohibido para los instantes
en los que más extraño tu cuerpo
y la forma en la que volabas de noche,
entre la bruma de mi oscuro horizonte.

La ciudad de las lunas escarchadas
siente prisa en su recorrido sanguíneo,
cada vez que alguien cede a la vida,
al más fastuoso de los recorridos,
un alma más que deambule ahora sin piel;
por las calles, las mismas en las que alguna vez te amé,
como hoy amo el calor de la hoguera
que amaina tan sólo el silencio al pensar en volverte a ver.

Llueve y la tristeza empapada
aprende a mentir despacito a la tarde,
como tu boca y tu mirada, con tanto arte;
y jurar amor a un temporal sabes que es idiota,
como una guerra de razones que jamás retornan.

Desde aquí aprendo de memoria
tus nuevos gestos, tus promesas,
memorizo la humildad de tu culpa,
tu entrepierna, tus disculpas
y el beso que tanto nos unía;
porque no es culpa de la escarcha,
ni de las lunas; tiene nombre
nuestro don y se llama melancolía…

©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 26 de enero de 2,017

Salut

Alma triste e incivilizada,
herida sobre piel de amapola,
quisiera alcanzar tu tormento
pero gime y esconde su mano en alerta.

El terror es un vicio bonito
que ahora guardas en tu corolario,
es el susto otra forma de irse
o es tu risa de estrella marcando,
porque he visto ese gusto silente
en cosmopolitas perennes de arcilla.

Espero un buen rayo esta vez
baje acariciando tu ventana,
ojalá que estalle en mil pedazos
y sonrías al entender sus encargos,
sin tener mucho más que agregar,
que expectante sepas perdonar
toda falta de cortesía ambigua
que te quiera la noche obsequiar…

Así iremos adelante con la pesadilla,
tú pensando en detalles de boda,
yo pensando ojalá que su amiga, algún día, sea mía,
correrás a los brazos del primero,
del segundo y tercero y del cuarto
que te digan que esto es poesía.

Yo veré desde lejos tu estruendo
cuando rompas tus puños macizos
en la puerta buscando mi abrazo
y no quede más que un tonto erizo
que te guarde tus nuevas conquistas, por siglos.

No te asustes si digo tu nombre
mientras más lejos estoy del cielo,
es tan sólo un adorno del tiempo
en el que ya no me esmeraré al cuidarte,
ya verás que nunca es suficiente
si se paga tan sólo un poquito,
de ese daño que antes se hizo,
hace falta que duela ahora mismo
cada paso marcando el camino…

—Salut.

©Messieral | messieral.com
Ciudad de Guatemala 13/08/2016

 

Aroma a Paraísos

De los límites mortecinos de una despedida,
se quedaron los impulsos mal besados,
estornudos de total melancolía
y unos cuantos siglos de costado.

No es que sea tan difícil salvar el alma
o los labios de aquel ser al que se ama,
no es que sea posible lo imposible
sin retrovisores o acrobacias.

Pero si asoma Saturno, su pecho, un martes de diciembre,
quizás no quede esperanza y sea tan sólo su cadáver
el que ya no se mueve, el que ya no se espanta,
por eso no mires atrás, atrás no está mañana…

De la piel de su dulce mirar,
del bullicio en silencio de su andar
y de su bien escrito en bolsas de té
aprendí que la vida no es ir con sed.

Sacié el hambre de líquidos sueños
al morder su centro de hemisferios clandestinos,
sabía tan bien, lloraba después,
porque su culpa era tan sólo un aroma a paraísos.

MESSIERAL
Ciudad de Guatemala 28/06/2016

La Rima Imposible de Bécquer

Yo soy la rima imposible de Bécquer,
porque el tiempo apremia y escuece,
como un batallón de miradas silentes
que a la vista de todos hoy fusila a un teniente…

Y soy de cronopios la triste razón,
un enjambre impermeable de dudas,
la mala molécula de la ternura
y un silencio que mata, y una brasa que muerde,
sin razón de ser, con la canción pegada a los dientes,
como un trapecista con red de cama de clavos,
un equilibrista con viento a favor de huracán…

Me trae la noche canciones de almíbar,
el ámbar plateado sexagesimal,
me pueden las ganas y antoja la culpa,
me bebo de un sorbo el espectro animal,
con Dios a la orilla de mi clandestina
soberbia endulzada en zarpas de cañón,
que no diga es mi culpa la virgen María,
si esto no ha hecho más que mercar,
me puede el convenio de almas perdidas,
el pesebre maldito de conspiración,
nos queda esperanza guardando premuras
del mismo purgatorio que nos ofreció…

La ofensa es una bala perdida
que no acierta en el blanco si no acepto yo,
es tan difícil no pecar en la mente
si veo tus piernas cruzar mi portal,
con un aguacero te encierro en mi cama,
con una explosión te aseguro ilusión
y es que soy un cometa sin órbita fija,
la malaventura del poema mejor,
una nota perdida en las manos de Siria,
el rechazo total a norteña ambición,
no me callo la boca si aún puedo abrirla
que me digan quién responde por tanto dolor,
yo soy el portal de tu buena esperanza,
una copla cantada a los gritos en Nunca Jamás,
a favor de las almas rotas de la historia,
con los verbos de Eva bajo nuestra piel,
no nos queda más noche sin droga cincel
y la idea siniestra del más puro Edén…

Yo soy el amante infiel de la luna,
el testigo del hambre inaudita y en paz,
una oración sin verboides mortales,
un velero con velas de plumas en su mortandad,
el valiente indeciso de tus manantiales,
una historia infinita que arde en el fuego,
tan intenso, de la tarde en que empecé a respirar…

El cielo tiene esta noche todas las mesas reservadas,
no hay más sitio para cometas hambrientos de sed,
te quitarías la armadura para decirme quién eres tú,
al final, no tienes que temer si una oportunidad se pierde
ya volverá a tus ventanas, como todas, no tiene que doler.

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 29/04/2016

Gracias por tus ojos y por estar,
para conocer más de mis poemas
te invito a visitar mi sección Poesía.

Quinta del Infierno Fluvial

Había estado allí por décadas, siglos quizás. El tiempo siempre es tan relativo y se expande con la intensidad de la espera, y ella parecía esperar con ardor lo que jamás volvería. Siempre a las mismas cinco de la tarde, siempre con el sol yéndose a apagar lentamente y el mismo cielo pintándose de nostalgia, todos testigos mudos de sus pensamientos y sus penas. Parecía detenida en el tiempo, ajena al mundo que le rodeaba, frente al mar que de naufragios estaba lleno y aguardaba por uno más. Vestía siempre la misma tela, la misma porcelana, a veces con más polvo que brillo, a veces con más arrugas que lágrimas, y un listón rojo en su muñeca, todo en conjunto parecía convertirla en la muñeca olvidada en un ceniciento anaquel, con recuerdos innombrables y un silencio que hace memoria de sonrisas de ayer.

Agujas entrando en la piel, relato de noches impregnadas de suturas errantes y vaivenes de martillo estrellándose en el hueso del corazón. Quiebra dureza el nauseabundo recuerdo de lo efímero, mata despacio la nostalgia anidada en el centro del alma, alma errado y delicado, con tormentos de quimeras: “Ya no espero salvación, se ha congelado mi alma dentro del hielo seco de tu noche, en iris y pasiones rendidas a la muerte” Sollozando día y noche, el cielo parece agitado, la aurora no aparece para iluminar las praderas y un puñal ensangrentado sonríe, mientras la luna diluye su tinta sobre el mar muerto y divertido, de procrastinadas esperanzas boreales.

El diablo es una putita divertida y se roba las propinas de los clientes, astucia perdida en el cielo de parafinas, dulces caros y mantos simas. Una colmena se ha desprendido del infinito y ha iluminado el cielo con sus abejas de luz, la miel nos ha caído encima y empalaga el revés del cuerpo con nostalgia, con deseos que no se han de cumplir. La soledad es una niña santa pero que abre sus piernas a cualquiera, se deja tocar y se toca para entretener y no soltar. Nuestra chica, suspendida y congelada, su alma hibernando un descanso incierto. -Estamos perdidos- gritaba el poro cuatro mil novecientos ubicado en lo interno de sus muslos, -Esto está más solo que Dios.-

Era el calor de marzo y una lluvia impermeable en sus ojos, lo que con poca gracia revelaba lo angustioso y aberrante que guardaba en su ser, y se resbalaba por su pálida piel, húmeda, grasienta y herida, marchita como la primavera que nunca fue, toda la podredumbre encarnada en sus huesos, esa que ya no se contiene ni con la muerte. Hubo una historia más allá de aquellas olas, una ilusión desbocada en traición y remordimientos, un constante golpe al corazón contra el piso, y los gritos del horror de sus oídos, su propia voz, la dama en su interior, agonizante. Su mirada siempre fija al pasado con la vista al poniente, esperando el momento de quiebre, esperando el arrastre de toneladas de toda la miseria acumulada, mucha que no es ni siquiera suya y sin embargo, cargó hasta aquí sin poder soltarse nunca de sus cadenas.

Cantaba una canción de perdición, era culpable de toda la desgracia del mundo, ella sostuvo la manzana entre sus piernas, el Edén le abrió entonces las puertas al pecado y todo era su culpa, todo era su castigada culpa. No queda ya ni un hilito de luz en su mirada, es oscura como el ébano, con que tejieron el ataúd de su madre, ya no queda ni un ascua de esperanza en la extinta hoguera de su firmeza. Su cuerpo desnudo le da vergüenza, le marcaron los duendes con el tatuaje promiscuo de la perdición. Uno de ellos en especial, uno amo y señor de la noche, explotó su elixir indómito sobre toda su piel. Llueve pena en su pradera, los perfumes de su cuerpo hoy son sórdidos y repulsivos olores de heridas infectadas. Marzo ya termina con su vida, con su tontería, abril que amanezca para cobrar los pecados de damiselas idiotas que han creído en la serpiente exhibiendo su podrida piel.

Si no hubiera nacido –pensaba ella –Si no hubiera nacido nada estaría perdido. Y si me voy ahora, nada estaría salvando–. A sus pies yacía el recuerdo de sus víctimas, corazones palpitantes fundiéndose poco a poco en la tierra maldita que ella había pisado. Lápidas sin nombre, huecos en la tierra con huesos revueltos y su sangre bautizándolos sobre las flores secas. Su paso por el mundo es el éxodo por el desierto hacia ninguna tierra prometida, en cambio el hundimiento de su cuerpo en la arena que hierve en las noches más frías, la arrastró hasta este acantilado de prejuicios y reproches. Este viento que la abraza y revuelve su turbia melena, los pensamientos impuros que jamás profirió, trae el anuncio de la muerte a cuestas… ¿Por qué esperar más? ¿Cuándo dejó de importar? Hoy es el día… Caer comienza por dar un salto. Un salto para esquivar la vida misma, un salto para esquivar lo que corresponde, un salto cobarde con tres paracaídas abiertos y enredados entre sí, que se estorban y hacen obsoleta toda posible salvación…

© Copyright – Messieral | Luis Eduardo – Historias en Ascuas
© Copyright – Versos en tu Piel| Ana Isabel
24/02/2016

Tangenma

Yo quería sentir un trocito de lo que ella sentía por mí, quería, incluso, fingir, mentir, pero no pude, no hubo lágrimas mojando mi rostro, no hubo piedad, terminé la historia, abril, me quedé sentado en el mirador, vi las estrellas ardiendo en el firmamento, no eran estrellas, era su dolor, se le hizo débil el alma y la voz, intentaba no llamarme más con aquellos motes dulces, quería olvidar y ser fuerte, que no existieran en el reloj las horas de los días que dedicamos a hacer el amor, y así no hubo más horas en su mundo, así detuvo el tiempo y sé que me nombraba, que me llamaba, que no quise escuchar o no lo supe comprender, no hasta hoy, y no hay amor más grande que el magenta…  Continue reading “Tangenma”