Tangenma

Yo quería sentir un trocito de lo que ella sentía por mí, quería, incluso, fingir, mentir, pero no pude, no hubo lágrimas mojando mi rostro, no hubo piedad, terminé la historia, abril, me quedé sentado en el mirador, vi las estrellas ardiendo en el firmamento, no eran estrellas, era su dolor, se le hizo débil el alma y la voz, intentaba no llamarme más con aquellos motes dulces, quería olvidar y ser fuerte, que no existieran en el reloj las horas de los días que dedicamos a hacer el amor, y así no hubo más horas en su mundo, así detuvo el tiempo y sé que me nombraba, que me llamaba, que no quise escuchar o no lo supe comprender, no hasta hoy, y no hay amor más grande que el magenta… 
Hoy recuerdo con melancolía su mano y verdad, el magenta en sus ojos, sus lágrimas de amor, que amaba el infinito de mis imperfecciones, para ella era el mejor, un semi dios sin santidad, añoro con tristeza el primer momento, el primer encuentro y haberla dejado pasar, evitarle el dolor, evitarle haber conocido el amor y el deseo, evitarle la tontería de amar mi voz más que a la verdad, dolerle nada, que se hiciera infeliz o feliz en otros ojos, pero sin mí, sin ser culpable de más.
La recuerdo y no puedo rememorar si alguna vez sentí por ella algo especial, algo en verdad, me desvelaba junto al libro que me regaló, me anestesiaba con el sabor de aquel primer beso que me hizo echar a correr y sonreír con toda la boca, con tanta felicidad, como no me ha vuelto a pasar.
Moriré sin alcanzar el perdón por su dolor, pero ella me ha perdonado ya, algunas noches, con seguridad, se abraza al peluche amarillo que le regalé y dice mi nombre mientras sonríe, me ha perdonado, sonreirá, aún ama mi sangre y mi voz tanto como a mí mismo y seguramente nunca amará a nadie por igual, me verá caminar a lomos de una nueva ilusión y nuevamente pedirá al cielo por mí, por mi felicidad, de sólo pensarlo me arde un infierno entre las mandíbulas y los ojos, empiezo a llorar por ser incapaz de ir a su encuentro y hacerla feliz como sólo ella estaría dispuesta de hacerme a mí, aunque le duela.
Lleva de mí un tatuaje en su mano, un candil en sus labios que yo le di, un aroma en su cuerpo por mí, un horizonte impropio que cada vez se hace más grande, con la utopía guiándole al vendaje, lleva de mí la lluvia que en agosto nos amó, las horas que nunca más tuvo, el dolor de soñar sin gris, y esta tristeza que siento por la de ella, y que hace propia para que no la padezca yo…

Aún me llama con su dulce voz, aún me perdona el amor…

 

© Copyright – Messieral | Luis Eduardo – Historias en Ascuas
San Miguel, El Salvador 16/11/2015

Muchas gracias por sus ojos y por estar,
también les invito a leer:

Mientras Yo Camine te Recordaré
Ella Tenía Miedo, Yo Arándanos
Silente Acrobacia Perversa
La materia que compone al fuego

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3 thoughts on “Tangenma

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